diciembre 15, 2006

vacio

vacio...
es como siento...
es como estoy...
es como soy...

vacio...
siempre vacio...

nada me llena:
nunca...

nada nunca llenara al vacio...

vacio
siento el alma...

vacio
y siempre vaciándose...

noviembre 30, 2006

un día extraño

Esta mañana desperte y tuve conciencia, como nunca la había tenido, de que este sería un día extraño...
Al salir por la calle lo confirme, la gente caminaba muy abrigada de un lado a otro, no corrian, ni caminaban... daba la impresión de que se dejaban arrastrar por una fuerza que era ajena a ellos, como si fuesen titeres en manos invisibles. Todo eso me pareció en principio, una tonta alucinación, quizá una absurda idea causada por una lectura... pero no, no era así, no era tan sencillo como eso, no se trataba de la alucinación de un loco o de alguien que quiere serlo. se trataba de una conciencia, me hacía consciente de la vida convencional. A la gente no la arrastraba por la calles su voluntad, ellos erán arrastrados por la tradición, ellos iban al trabajo porque así debe ser, ellos no eran ellos, ellos eeran para alguien más, su vida no les pertenecía, su vida pertenecía a otros...
Luego me di la vuelta y observe que yo también me dirigía hacia algún lugar en esta ciudad... solamente que yo sabía a donde o es que eso era lo que deseaba creer, no lo sé.

noviembre 08, 2006

Un intento de afirmación

Estoy sentado frente a este aparato, me fume un cigarrillo y me bebí un trago largo de vodka, la música se oye algo suave y la impresora hace un ruido que acompaña a este día, un nuevo día o más de lo mismo, no estoy muy seguro; imprimo mis libros, si, son míos, es mío, yo lo escribí hace un año o más, no lo recuerdo muy bien… Este es un intento de afirmación, si, así como lo oyen, como lo leen, hace tiempo que no publico nada, quizá hasta me hayan olvidado, quizá así sea mejor, no sé, la verdad es que hace tiempo que deje de saber y eso no me preocupa.
Yo soy, si, yo soy Lucian de Silenttio, soy ese nombre, cada vez me convenzo más, pero dudo también o es que soy Lucio Torrez Soria, sólo un nombre en esta sociedad, una cifra más que engrosa las estadísticas de “mi” país, un país conflictivo, si, un país en movimiento, eso es más que seguro; pero yo no me siento un numero, no me siento una cifra, claro que al parecer a nadie le importa como uno se concibe, creo que a nadie le agradan los individuos, quizá a muy poca gente, muy poco me parece… conozco tan poco de este mundo, me falta tanto por conocer… no sé bien porque hago esto, porque escribo lo que escribo, no sé porque escribo esto en este momento, creo que siento como J. Saenz, tengo la certeza de que me desagrada la idea de dejar de escribir… he soñado y sigo soñando, como dicen en el argot popular de estos lares, he soñado despierto o como dicen otros: soñar no cuesta nada, creo que se equivocan, yo no le deseo sueños a nadie, preferiría vivir cosas concretas y no sólo sueños, quizá me entiendan mal o quizá entiendan lo que quiero decir, no lo sé, nuestras palabras limitan tanto como facilitan expresar nuestras emociones. Estoy condenado a vivir y hace tiempo que me canse de vivir y creo que si vivo es sólo por respirar, la respiración me mantiene vivo y creo que sigo respirando porque me desagrada, también, la idea de dejar de respirar.
Si, señoras y señores, soy Lucian de Silenttio, aunque en general me conocen como Lucio, como lucito, de cariño o lucho en el ámbito familiar, que no permito a nadie decirme de ese modo, aunque sé que no me importa mucho, parece que me importa. Quisiera decirles que soty escritor, pero no lo soy, entonces ¿qué soy? Al parecer es una respuesta que nunca tendrá una respuesta certera… a la gente le gusta decir escritor, ponerle un nombre a la gente, para sentirse segura, pero a mi no me hace sentir así… no sé porque me siento hoy así, no sé porque estoy escribiendo esto, quizá porque intento afirmar lo que soy; por cierto que esta no es una confidencia, ni mucho menos un relato, es una realidad, a partir de hoy, quienes vean y lean este blog, van a ver a este “nuevo” sujeto, a este “nuevo” individuo; pueden llamarme escritor si eso les hace sentir más seguros, pueden hacer conjeturas e interpretaciones, pueden decir lo que se les ocurra y creo que eso no cambiara nada de mi interior, no puedo huir de él.
Este es mi espacio y todo lo que hay aquí lo comparto con ustedes porque quiero hacerlo y si dejo de decir cosas, o mostrar dibujos, fotografías o lo que sea, es porque deseo mostrar lo que soy capaz de ver, sentir, pensar, etc. no sé si esa sea una razón para escribir o… bueno que importa, sé que esto lo estarán leyendo y no sé que están pensando o sintiendo. Me gusta jugar a escribir y me desagrada la idea de ser un tipo serio, dejar de jugar, eso me desagrada… esta es mi revista, es mi editorial, es mi ventana, es todo lo que ustedes quieran que sea. Soy un cobarde y tímido, y si algo no aprendí, fue lo esencial: como ser un sujeto social. Temo, mis temores son fuertes y este, como les decía, es un intento de afirmación, como todo lo hasta ahora escrito, dicho y hecho…
Ahora ya saben algunas cosas más de este sujeto y no me importa como lo tomen, si bien o mal, categorías que no tomo muy en serio. Señoras, señoritas, señores y señoritos, este es ce fini, ce tout.



Me gustaría estar, en este momento, hoy, al algún lugar de esta ciudad, pero estoy aquí, encerrado y escribiendo; irónicamente solo y escribiendo… nunca debí decir ni una sola palabra, ni una sola frase

octubre 09, 2006

A DIARIO (fragmento)

A diario
Libros Tre-c

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Lucian de Silenttio

A DIARIO

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Edición Única
Septiembre 2006
© Lucian de Silenttio

A Diario
Edición impresa, 2006
La Paz – Bolivia

Impresión y Encuadernación
"el loco" Artes

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A la q’isirmita




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También ellos necesitan ser muchos para existir.
Yo vivo solo…
Jean-Paul Sartre, La nausée




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La piel arrugada de su rostro formaba pequeños surcos, era el tiempo diciendo presente, eran los años, las experiencias… Llevaba una chompa de lana azul pastel, encima de la chompa un corpiño azul marino de lana también; debajo de aquellas prendas asomaba una camisa blanca, que no debió mudarla en mucho tiempo, el sudor había manchado hasta las puntas del cuello, que aparecía moteada en tonos de gris. Un pantalón azul, quizás negro, cubría esas piernas que lo llevaban, que lo habían llevado por doquier. En la mano llevaba una sakhaña, una bolsa de yute blanco, que por la mugre parecía amarillo; ¿qué llevaría allí? No lo sé, posiblemente sus sueños. Unos vivaces ojillos café, descoloridos ya por el tiempo, asomaban sobre huesudos pómulos, ¿qué cosas habrán visto esos ojos? ¿Qué tristezas y alegrías habrán presenciado? ¿Por quienes habrán llorado?

Dijo que lo habían asaltado dos hombres, cuando llegó a la ciudad; venía del campo. Se me acercó parco y tímido, me pidió unas monedas: «tengo hambre, quiero comer» dijo el anciano, sin temor; «siéntese aquí» contesté tomando la mochila y poniéndola sobre mi regazo. Se sentó con parsimonia, como si tuviese que interpretar muy bien su papel, como si no quisiese ofender a nadie.
La mujer de pelo castaño sentada al otro lado, que debió tener algo más de treinta años, recorrió arrastrando las nalgas sobre la madera amarilla de la banca, lo hizo como si huyese de un leproso; luego de unos minutos se fue. El anciano se sentó y comenzó a hablarme de su hijo; creo que sólo quería ser amable y amistoso conmigo, con el hombre que lo había invitado a tomar asiento; quizás no sabía que decir, ¿de qué hablar a un desconocido? Ahí estaba, sin embargo, hablando de un hijo que yo no conocía, que nunca conocería. Dijo que ese hijo llegaría de Bermejo, en Tarija; dijo que traía harina desde Argentina. Por un momento se calló, le pregunte: «¿usted de dónde es?» No me oyó y continuó hablándome de aquel hijo viajante de comercio. Se calló y nuevamente insistí: «¿usted de dónde es?» Esta vez tampoco oyó mi pregunta; continuó hablando, pero esta vez de su vida. Contó que conocía Valparaíso, en Chile, donde según él, aprendió el latín, aquella hermosa lengua muerta; acto seguido, pronuncio una jerigonza que no comprendí. Continuó hablando de su vida, también había aprendido inglés, dijo: «eso he aprendido en la frontera», no sé a que frontera se refería; no pregunté, pues ya había caído en la cuenta que era sordo. Al parecer, era un hombre que había viajado mucho, dentro y fuera de este país. Luego me habló de su mujer, una peruana de la sierra; esto me relató él: «estaba en una plaza de Arequipa, cansado estaba sentado; ella me acerca y me pide: regálame plata, no tengo para volver a mi pueblo, me dice y yo tenía harta plata ―se lleva la mano al pecho, al lado izquierdo, sobre el corazón; hace un ademán con la mano para indicar un bulto ahí―, había vendido mi toro y coca que he llevado, le hey dado diez pesos y ella alegre siempre sia puesto; hemos comenzado a hablar y hemos ido a comer, luego mia llevado adonde sus papás. Ahí me han recibido bien siempre; yo he pedido dos cervecitas y la señora mi dice: ¿dos botellas? No, dos fardos ley dicho, como tenía plata ―me dice, posando los ojos en el horizonte, como si viese… como si viviese aquel momento pasado. Luego han llegado sus familias, hartos son y me reciben ―él pronuncia algunas palabras, sólo puedo reconocer el idioma, es quechua; no sé que significa eso que acaba de decir―; tu eres bolicha me dicen y me abrazan; ¡bien buenos siempre habían sido los peruanos! Cuando ellos llegan, yo mi pongo de pie y les saludo, me bajo mi sombrero y ellos me dicen: ¡No! Tranquilo nomás quedate, acaso somos dioses. Esa noche no hemos dormido con mi señora, estamos hablando con sus familias nomás…» Su mirada queda fija, sobre un punto que desconozco. De pronto parece interesarse por mi vida e indaga: «¿usted de dónde es caballero?» Me dice caballero, aunque no tengo la más remota apariencia de caballero. Me mira de frente. «De p’isaqaywiña», le digo en buen aymara, y como quien se siente con la potestad de dar o no la palabra, me interrumpe y continua hablándome de lugares, menciona: «Sapahaqui, Patacamaya, Totorani, Jukuri, Wichuraya, Calamarca» y otros lugares, nombres de pueblos que no puedo retener en la memoria: «de joven todos esos lugares he caminado. Paisanos habíamos sido» dice, luego continua: «estoy esperando que llegue mi hijo nomás», se queda en silencio: «va vender harina, un millón me va dar siempre, con eso mede ir a mi pueblo», dice con aire nostálgico. Habla un poco más de su juventud; mientras yo pienso en los billetes de antaño. Quizás continua hablándome por cortesía, para no parecer grosero, para que yo no crea que él sólo quiere mi dinero… un poco de mi dinero; ambos sabemos que esa es la única cuestión que nos une, o tal vez espera que yo diga algo, pero no sé que decir a este anciano, su vida ya esta acabando. Gira un poco sobre el asiento, se pone de frente; mientras habla, puedo observar que le faltan los dientes delanteros, las encías desnudas se muestran a cada palabra. «Más tarde nos vemos, vamos a hablar ya caballero, iré a comer aura» dice como corolario de nuestra conversación; le doy un par de monedas grandes que saco del bolsillo al azar y lo dejo partir; estrecha mi mano con afecto, con la confianza de viejos amigos; luego sin más palabras, recoge del piso esa bolsa sucia de yute y se va caminando, algo encorvado, paso a paso se aleja y se confunde con la multitud; aún lo veo, cruza la calle, llega a la acera, cruza delante un puesto de comida, ni lo mira; se pierde en la esquina y no lo veo más.

Ahora otra vez la multitud hormiguea a mí alrededor. El zumbido bullicioso de los automóviles se oye, se funde con el sonido de las pisadas de los transeúntes: sonidos fuertes, sonidos tenues, bocinas, voces y mucho más. No era esta la manera como había pensado comenzar, pero ya comencé y debo continuar.

Había estado pensando, antes de que llegase ese anciano, en cuál sería la mejor manera de iniciar este relato; quería iniciar de un modo novelesco, de un modo trivial, tal vez. Había pensado iniciar así, creo: «Sabía que pronto nos despediríamos, pronto diríamos adiós; todo por iniciativa mía, yo sabía que me dolería: mucho, poco, no lo sé; dolería, que importaba…» Quería describir este lugar: la casa amarilla de enfrente, la heladería de en medio de la calle, la policía del control de tránsito, el árbol seco a mis espaldas. Quería escribir sobre mis actividades de la mañana, decir por ejemplo: «he recorrido esta calle, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, desde las diez menos cuarto, en busca de mi plumafuente… ¡que plumafuente! Bolígrafo, puntabola…» Quise describir alguna muchacha colegiala que fugó del colegio esta mañana; a alguna mujer atractiva, a algún hombre desconocido que cruza la calle a toda prisa; el clima, la temperatura, el paisaje… de edificios y techos de casas antiguas. Finalmente estoy aquí, escribiendo en la calle, sentado sobre el pasto verde y suave, junto a flores multicolores; escribiendo no lo que pensé escribir, sino lo que sale y es esto que sale, es lo que brota.

Son las dos de la tarde, un suave vientecillo golpea mi rostro y arremolina mi crecido pelo. Me encuentro en medio de una concurrida y bulliciosa calle paceña, por donde hubieron cruzado gentes mil, hoy y desde hace muchos años. Ya me figuro a hombres y mujeres de otra época, vestidos a la mejor moda de los años veinte, treinta…: sombreros, bastones y polainas, “corses”, abanicos y paraguas; atavíos de aquella época. Cada época tiene las suyas. Hoy vestimos de “jeans”, poleras y zapatillas deportivas, zapatos… definitivamente hemos cambiado, bastante y lo seguimos haciendo.

Hace cincienta años, tal vez un poco más, no pisaba este paseo, un bulevar de esa época, ni una sola chola, menos aún una india, un indio; hoy lo surcamos a diario, hoy hollan con sus pies: cholas, indias e indios por centenares.

Algunas casonas no cambiaron mucho, casi nada; sólo la pintura y alguno que otro accesorio ornamental. Están ahí, la hoy Academia de ciencias, el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo Nuñez de Arco, la tienda de comida rápida del rey del cemento; y quedan otras, con los muros desconchándose, olvidados. Con el tiempo, también se erigieron ofensas como el Alameda, que se yergue altanero y obtuso, como el cholo dibujado por Arguedas, el inconforme alienado, típico hombre de principios del siglo veinte. Los hombres pasan y las obras de estos quedan, mudos testigos de la historia… no sé ya ni lo que digo, ni lo que pienso; será mejor que calle, al menos por hoy, aunque no quiero callar, no deseo hacerlo… pero tampoco sé que decir. Será mejor que marche de este lugar; hace frío ya, se me entumió la pierna izquierda y la sombra de los edificios se agiganta cada segundo que pasa; la sombra se hizo: «ya no tengo palabras.»

Prefiero estar aquí, afuera, en esta calle concurrida y no en mi habitación; aquí hay gente, aunque nadie me dirija la palabra, aunque nadie me mire, aunque a nadie le interese mi existencia: no estoy sólo, no estoy a solas conmigo; me siento parte de esta masa amorfa y anónima en movimiento. No es tan sencillo; hay gente, es cierto, la calle esta atestada de mujeres y varones, de viejos, adultos, jóvenes y niños… lo sé, ellos pululan, se mueven de un lado a otro. Nadie puede librarme de estar a solas conmigo, en mi interior, es ahí que nace el sufrimiento, es ahí donde esta vacío , donde estoy solo, donde no tengo a nadie mas que a mi mismo para socorrerme. Quisiera estar con alguien aquí dentro, quisiera tener compañía, una amiga, un amigo… quizás lo tengo, si, lo tengo, solamente sucede que no quiero su compañía, no me gusta su compañía. La que tengo es absurda, es detestable, no puedo exteriorizarla; no se puede exteriorizar el temor del ser… o de no saber lo que uno quiere; si lo que quiero es “bueno” o me hará bien: no lo sé; quisiera estar seguro, siquiera una vez, quisiera conocerme bien, quisiera saber como todos, lo que quiero; me gustaría tanto vivir, vivir como lo hacen los demás: con calma… me parece que toman las cosas con ligereza, lo toman con naturalidad, lo toman como su sino, como su suerte, como un designio de Dios, de los dioses: ¿yo…? No sé nada, no me ayuda toda esa literatura, ni la filosofía, ni la sociología. Mas bien, me ayuda… ¡que me van a ayudar! Me destruyen, apaciblemente, sin prisa. Quiero ahora, en este momento, la compañía de Beth: si, quiero su compañía o de otra mujer, cualquier mujer, no importa quien, sólo tienen que ser mujer, si, eso es: tiene que ser mujer; un hombre no entiende ciertas cuestiones, muchas cosas las reduce al sexo o al gusto o al amor, quiere tener todo bajo control; no es nada de eso, ni el más agudo y perspicaz sería capaz de comprenderme en este momento. La mujer oye, calla y oye. Algunas no callan, no todas oyen; algunas hablan tanto que es mejor evitarlas, ni siquiera se debe saludarlas; es mejor evitar a esas mujeres… Es mejor evitar la soledad, aunque… ¿quién me libra de la soledad que llevo en el ser? ¿Quién me libra de esa soledad? ¡Nadie! Sólo yo podría librarme, pero ¿cómo? ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo hacer eso? No lo sé. Mejor será que me dedique a hacer algo, cualquier cosa, lo que haya: leer, si, eso es, debo leer, en voz alta, a voz en cuello, debo gritar; en silencio. Me librare de mi, saldré del interior, huiré de él, no quiero estar a solas conmigo.
(...)

septiembre 15, 2006

"A DIARIO" UN LIBRO QUE EXISTE POR SI MISMO

Mi cigarrillo se apagó, este sentimiento no; ojalá fuese mi vida la que se apagase, ojalá fuesen mis ojos los que se cerrasen, ojalá fuese mi estúpida existencia, mi absurdo vivir el que terminase esta tarde… ¡Malditos sean Kierkegaard y toda su caterva de existencialistas!! ¡Malditos todos los Hesse, los Böll, los Kafka, los Saenz, los Borda…!! ¿Malditos todos esos escribidores…!! ¡Maldito yo por prestarles oído… mil veces maldigo mi forma de ser!! Han sido ustedes, sí, ustedes quienes le quitaron las vendas a mis ojos, me hicieron ver lo que soy; como Ronquetín con el Autodidacto en aquel almuerzo… ¿quién soy? Por favor quiero saber.
Vacío, vacío siento mi alma.

Lucian de Silenttio, nos presenta un libro único, escrito a manera de diario, que llega a cobrar vida propia conforme el lector se adentra en sus páginas. Es un libro construido exclusivamente para cada lector que pueda acceder a comprar uno de los ejemplares (digo construido, puesto que ha sido escrito, cosido y encuadernado por su excéntrico autor), con características únicas que nos recuerdan aquellas épocas en que la imprenta aún no existía.

Características de la edición manuscrita (1ra. edición):
Sólo 33 copias.
Texto manuscrito.
Hojas de papel sabana.
Tapa dura.

Características de la 2da edición:
Texto impreso.
Tapa dura.
Breve semblanza del autor.Lucian de Silenttio nació en La Paz, en 1981. Lleva a hombros sueños e ideas, que le impulsan a compartir este primer escrito.

Lucian de Silenttio es un excéntrico y joven artista que se desempeña en el dibujo, la pintura y la escritura y estoy segura de que en un futuro, su nombre se contará entre los grandes de las letras paceñas.

K. V. A.
Comunicarse por el libro con : desilenttio@yahoo.es o 70658312

septiembre 11, 2006

Un mundo de locos y cuerdos

Estoy sentado frente a este aparato, los sabios le llaman computadora, dicen que es un grana avance científico y no sé que otras cosas más, para mi sólo es un aparato más, casi como una hacha de piedra fabricada por nuestros buenos antepasados, aquellos primeros humanos entre simios y humanos; bueno esto último también lo dicen los buenos sabihondos… me estoy perdiendo, como siempre.
Hace mucho frío en la calle y me gustaría salir de esta casa de locos, no sé quienes son los locos, pero sé que unos están locos y otros cuerdos; que les diré, mas bien, como iniciare… Es una habitación de siete u ocho metros por cuatro o cinco, yo estoy al lado izquierdo de la habitación y los otros están al lado derecho, que queda a mis espaldas, son dos mujeres y un hombre; una de las mujeres ha de tener entre treinta y cuarenta años, la otra no ha de pasar de los veinticinco y tiene un bebé de unos dos o tres años. La primera mujer tiene el pelo teñido y la otra no. Con ellas va un joven de nos más de veintisiete años. Mientras escribo esto ellos ríen y charlan alborotadamente, mientras escuchan vacua música que no fue producida con otro fin que generar dinero a su interprete y todos lo que hay detrás de él y quizás un poco de fama, de esa fama efímera que pasa como una estrella fugaz; por estos lados le llaman “regeton” para mi sólo es basura que entretiene a la gente, hace que su vida sea menos aburrida; escuchan una y otra vez la misma canción y parece que no se aburren, su espíritu ha de estar completamente dormido, casi anulado para que esa cosa que escuchan no los aburra. Yo por mi parte, mientras escribo esto, frente a esta pantalla que comienza lastimar mis ojos; oigo a Grieg, ahora cambio a Beethoven, ¡oh Ludwig van! Ldwig van, así le llamaba aquel ilustre tolchocador, que andaba con sus drugos, cuantas veces soñé que yo era ese tolchocador; pero no era así y no va a ser nuca de ese modo, yo siempre voy a ser sólo un simple humano que vive la vida como si no la viviera… me estoy desviando del tema, vuelvo. No piensen que hago las triviales diferenciaciones entre música buena y mala, creo que esa diferencia es demasiado convencional, no sé como explicarlo, pero cuando escucho a estos clásicos de la música europea, lo que escucho es la música penetrando en mi ser, hurgando y llegando al espíritu… lo siento ahí dentro, siento cada nota, cada sonido, lo que me sucede también con la guitarra en solo o con aquella música que nace del espíritu; cuanta diferencia hay entre esta música y aquella que parece que fue hecha en estado de drogadicción o ebriedad, aquella que fue hecha ebrio de dinero y fama, aquella que no llega al espíritu, sino a la carne, no, ni siquiera llega ahí, llega sólo a las superficies a lo vacuo… saben es gracioso como en esta habitación convive ambas cosas, una sonido por un lado, otro sonido por otro, unas vidas por un lado, mi vida por el otro… ahora ese niño se pone a llorar, he notado que todo lo consigue con llanto, y no es que no deba llorar, yo creo que… su llanto ya me tiene cansado, aburrido a ratos quiero correr y apretar y apretar cada vez más fuerte su pescuecito blando, ¿de todos modos, para que va a vivir en este mundo? Este mundo no esta para vivirse, los que aún procrean o son realmente malvados o son realmente ingenuos… su llanto es cada vez más insoportable; voy a correr, voy a saltar a su cuello y lo voy a retorcer como a un pollo, como a un perro, lo voy a aplastar como a una pulga… ya sé, ya sé, a la gente le gusta reducir las cosas a lo bueno y lo malo, a lo cuerdo y lo loco, lo normal y anormal, no le gusta pensar, le teme tanto a sus instintos que los condena no los enfrenta, prefiere huirlos, prefiere hacer de cuenta que el ser humano es racional, que el ser humano tiene sentimientos o cosas… falacias como esas que reconocer que no se trata más que de otro animal… el chillido murcielaguesco de ese humanito me esta haciendo desvariar. Bueno, les decía, que es más sencillo reducir las cosas a lo bueno a malo, y la gente procede así en todo, maniqueamente reduce el mundo y cuando una persona dice que Beethoven es mejor que las músicas de moda, sólo piensan que esa persona cree que uno es bueno y otro malo, no se dan cuenta que se trata de una opinión, una opinión como cualquiera que se vierte y no digo que uno pueda decir las cosas así nada más, pero yo prefiero decirlas que ocultarlas, que hacer de cuenta que no existen, además y esto es algo fundamental por cierto, lo pretendo imponer mi opinión a los demás, no tienen porque creerme, es sólo lo que yo pienso… en momentos como estos, en los que voy pensando cosas que a la gente le espanta o cosas que le podrían espantar, preferiría no haber despertado, preferiría seguir durmiendo, soñando; en mis sueños volaría a esos hoteles que frecuentara Humber Humbert o soñar con las aventuras del otro HH.
Definitivamente este no es un día para salir a pasear, es un día para estar encerrado en casa, cubierto de muchas cobijas y sin pensar en nada, sin decir nada y sin hacer nada. El cielo esta nublado, el cielo… estos días sopló mucho viento, ayer vi por la calle, gente muy abrigada, gente que decía que “mejor nieve, así ya no va hacer tanto frío”, no sé si tengan razón o no, pero en algo no se equivocan, hace frío, lo demás, creo que sólo es un mito. También hace frío aquí dentro.

El otro día me entro una idea, una idea absurda tal vez, no lo sé, pero fue a raíz del clima algo triste. Me dio la sensación de que nevaría de tal modo que no podríamos movernos por la ciudad, que la nieve alcanzaría una altura de dos o tres metros, que habría mucha gente que moriría congelada en la calle o en sus casas, habrían casa de las villas que se desplomarían y moriría gente allí también, que no podríamos movernos de un lugar a otro; que triste visión, pues no podría asistir a mis clases de latín, de griego, mis bien ponderadas clases; ya sé decir: ea palicarias (lastima que no lo pueda escribir en grafía griega) o virí pulchra femina amant. Ha de ser tonta mi reacción, no les parece, que se me ocurran pensamientos tan aciagos y yo este pensando que voy a perder unas clases: si no fuese por mi amor al conocimiento, al arte…
Patéticamente, sigo encerrado en esta habitación, en un ambiente absurdo, algo enredado, algo atravesado, algo… ya no comprendo esta situación. Debe ser una ofensa para Mozart que lo haga soñar junto a un huero como ese que canta a mis espaldas, yo creo que si Mozart estuviera aquí, me pegaría un golpe en los genitales, creo que lo merezco…

agosto 21, 2006

La Noche


― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― ¿Está la señorita Bett?
― No, no esta, ha salido a su universidad.
― Muy bien, muchas gracias, hasta luego.
― Hasta luego.
― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― ¿Está la señorita Ana?
― No, no esta, acaba de salir.
― Bueno, gracias, hasta luego.
― Hola.
― Hola.
― Buenas noches, ¿estará la señorita Karin?
― No.
― ¿No sabe a que hora estará?
― No sabría decirle.
― Bien, gracias.
― De que, hasta luego.
― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― Por favor con la señorita Vida.
― Ella murió.
― ¡¿Qué?! ¿Cómo qué…
― Tranquilícese, vaya al infierno y quizá la halle ahí, ella me habló de ti…
― Y ¿Cómo sabe quien soy? Cómo sabe que soy yo quien debe saber lo que me dijo.
― No lo sé, lo intuyo.
― ¿Lo intuye?
― Si, como lo oye, ella dijo que dirías eso exactamente: «hola, buenas noches, por favor con la señorita Vida»; al parecer se conocen muy bien, de otro modo, ella no habría sido tan precisa en sus referencias; ¿por qué no se da prisa? Puede que la halles y la devuelvas a la vida…
― Pero… ¿Cómo puede hablar de la muerte con tanta naturalidad? ¿No siente dolor?
― No, no lo siento, no puedo sentir nada, pues si sintiera algo no podría llevarme a niños, jóvenes, adultos o ancianos…
― ¿Con quién hablo?
― Debiste empezar por ahí, antes de escandalizarte; soy la Parca.
― ¿Cómo que… ¿La Parca dijiste?
― En persona… bueno, en persona no, pero tu tienes la desdicha de hablar con la Parca, aunque como me oigo no es como me veo, nos pintaron a mis hermanas y a mi, tan tétricas que los pobres humanos, al oír mencionar nuestro nombre, se aterrorizan tanto como si hubiesen visto al demonio en persona; debo decirte, sin embargo, que aquella visión es errada…
― ¿Cómo es posible que este hablando con la Parca…
― Es posible, mi apreciado amigo, en el mundo no existe imposibles… por qué te hablo de “el mundo”, debí decirte: en mi mundo; en el tuyo, ciertamente, existen limitaciones que los humanos, tus congéneres, se los han puesto por generaciones y cuando las traspusieron, se equivocaron, tantas veces, que sus errores son comparables a las estrellas del cielo…
― ¿Dónde esta Vida?
― Te dije, al principio, que esta en el averno, pero no me prestas atención o quizá estas atónito y no me crees, piensas, posiblemente, que es una broma, un mal chiste, te diré, primero llamaste a Bett, luego a Ana o debo decir Anita, luego a Kari, estas hermosas doncellas no estaban, salieron de casa, no sabemos donde fueron, pues, no nos interesa saber donde van. ¿Por qué las llamaste? ¿Necesitas desahogarte?
― Son mis asuntos. ¿Cómo voy al infierno?
― Puedes hablar conmigo…
― ¡Dije! ¿Cómo voy al infierno?!
― Bien, bien, veo que ahora te interesa, estas desesperado por morir…
― Esto no tiene sentido…
― Lo tiene, tus cortos sentidos no lo pueden percibir, tu estrecha mente no lo puede entender y por eso quieres invalidar todo lo que hasta ahora sabes; me decepcionas, has conversado conmigo cuando otro u otra ya variase desmayado en el mejor de los casos, ahora comienzas a parecerte a un mortal común…
― Pues, soy un mortal común y si te hable, es por Vida, por favor: ¿Cómo voy al infierno?
― No, no, no pidas un favor a la Parca, ella no dispensa favores, no esta en sus mandatos ni en es de su interés, sino cada día morirían muchos humanos, por simples tonterías; tu no sabes como imploran muerte, lo hacen pos simple impotencia humana… la Parca cumple un deber, nada más que eso, querido “amigo”.
― ¿Cómo voy al infierno?
― De muchas maneras, todos los caminos condicen a Roma, todos los caminos conducen al averno, toma el que te plazca…
― No estoy para un juego de acertijos: ¿Cuál es el más corto?
― “Amigo” mío, tanta desesperación, ¿por qué? Porque no tomas un camino desesperado, medita, medita sobre lo que quieres, que es lo esencial, vale la pena, no quiero persuadirte, soy yo la más interesada en que me solicites servicios, pero al parecer no es “tu hora”, paciencia, no puedo yo alterar tu camino, no puedo mostrarte sendas rápidas ni caminos directos al averno, si en verdad quieres hacerlo, serás tu quien lo decida; ¡Oh si! Y debo decírtelo, tienes razón, mucha razón cuando dices que una decisión no es un nunca más, sino sólo una postergación, ya pensaste en el averno y si no lo haces ahora lo harás en algún momento, quizá más adelante o finalmente con mucha paciencia esperaras tu hora, vivirás tu vida…
― ¿Cómo esta ella? ¿Era su hora?
― Si, y esta bien, aunque puedo entrever que ya no quieres morir; sin embargo te espera, te esperara, algo le diste, algo hiciste que te ansía, te recuerda, te piensa… has de ser afortunado; aquí donde vienen una buena parte de los humanos no hay no, no hay prohibiciones… ¿Por qué te hablo a ti de prohibiciones? Si no las conoces ¡Oh! Si cada vez tu mundo va pareciéndose más al mío, cada vez ambos mundos van haciéndose uno, sólo que mientras en un mundo unos aún reptan, en el otro ya no lo hacen; mientras tu aún sientes, los otros no lo hacen ya; mientras tu puedes aún cambiar tu destino y tu vida, los otros no lo pueden hacer ya… pero no me corresponde juzgar a mi, como te dije, yo sólo puedo cumplir un deber, en cambio tu, eres diferente… Vida, Vida, me gustaría devolvértela, pero eso también escapa a mi potestad, no tengo otro poder, otro mandato que la muerte, la muerte que da sentido a la vida… ¿Si no supieras que morirás, harías algo por el mundo, moverías un dedo por el bien o por el mal? Pero eso no viene al caso, no en este momento, te encuentras ensimismado…
― Bueno…
― ¡No! No debes responderme a mi, te dije que yo no puedo juzgar, entiende, de nada sirve que me sometas a disyuntivas a elecciones, no puedo elegir, ni discernir, yo tengo mi destino trazado y hecho, tu si puedes, puedes porque eres libre, puedes dirimir tus asuntos, incluso puedes dirimir los asuntos de los demás, hasta esa libertad se te dio… no sé bien, porque hablo contigo, más bien, eres tu quien me habla, me pones en una situación difícil, pues si te dejo de hablar, habré hecho un acto de decisión, ya hice muchas cosas indebidas, no una más, debo hablarte, de lo que sea, pero tengo que hacerlo, tienes que ser tu quien me deje de hablar, yo no puedo decidir.
― Dime: ¿Por qué no me llevas?
― No puedo, si no es tu hora no puedo y al parecer no lo es…
― ¿Cómo eres?
― ¿Qué?
― ¿Cómo eres? Quiero imaginarte.
― Cierra los ojos y oye… ¿Cómo me imaginas?
― Dijiste que no eres como te pintan, como te pintaron hasta ahora.
― ¿Tu cómo me imaginas?
― No lo sé, por eso te lo pregunto.
― Si te digo, todo encanto se perderá, no puedo revelarme ante ti, es preferible que me imagines, aunque me imagines como lo han hecho hasta ahora: tergiversada, pero viva, entiendes otra pero viva; es mejor así, podrán los poetas evocar, los artistas pintar… es raro, no te parece, yo muerte estoy viva, suena ilógico para tu mundo, no es acaso el humano quien todo quiere hacerlo lógico e inteligible, comprensible para todo mortal y en ese su afán creo su ciencia, su arte, sus leyes y doctrinas, sus miedos y sus actos heroicos, el humano crea, e incluso se crea a sí mismo, si no es así, al menos lo cree así.
― Hasta luego Parca.
― Hasta luego.
― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― ¿Está la señorita…


Lucian de Silenttio
30 – VII – 05
(El autor de este cuento, a principios de septiembre presentara un libro que titula "a diario", en La Paz, Bolivia, ya les hablare más de él)

julio 20, 2006

La calle esta vacía, el cielo esta cubierto por un manto suave de nubes, dejan pasar sol... me acompaña esa voz, esa voz brotona que canta, le canta a alguién, le canta a la nada, sólo dice lo que siente... yo me hundo con esa voz, me pierdo... me voy sumiendo cada vez más en el abismo, en el vacío... cada arpegio, cada nota que le roban a la guitarra me perfora el alma, me traviesa como un estilete filoso, como si atravesase piel, musculos, venas, y huesos... me siento vacío, en medio de nada, pero esa voz sigue, me acompaña, va conmigo, yo la dejo ir conmigo...

no sé a donde fui a parar, ya no importa nada, el cielo sigue gris y sin más actividad por hacer, debo respirar...

junio 08, 2006

A la humildad y al sacrificio

Os ruego seáis condescendientes si es que no compartís lo que os ofrezco en esta ocasión, quizás os parezca muy personal, así siento, así rindo mis homenaje a dos grandes seres.

A la humildad y al sacrificio

Si en el mundo hay humildad y sacrificio, sin duda, que el mismo tendrá rostro de hombre y mujer y ese rostro es de padre y madre; muchos desearon serlo y otros no, pero lo son; algunos huyen de su responsabilidad, unos la descuidan o se olvidan, otros en cambio, a pesar de todo, estoicamente llevan a punta de esfuerzo, su esfuerzo, un hogar, sacan adelante a unos hijos; a la humildad y al sacrificio de mis padres.
Quien diría, se quitan un pan de la boca, se quitan horas de ocio, de diversión, de juerga, de descanso, para ofrendar sus fuerzas al capital o a la comunidad, son ofrendas vivas al dios dinero o al deber, por sus hijos. Cuando se es pobre la vida suele ser más dura, así fue para mis padres, para mis hermanos, para mi; menos estudios implica un trabajo más duro, físicamente hablando; es paradójico e irónico, pues son ellos los que hacen el trabajo más rudo y reciben la paga más baja y los que hacen el trabajo liviano, “dizque” intelectual, los que ganan más, sólo por haber estudiado, como si el estudio fuese sinónimo de “ser mejor”; hay cada pastiche y mediocre profesional, que su título sólo es un desperdicio para lo sociedad. No viene al caso.
Soy joven, pero he visto suficiente como para saber que bajo este modelo sólo se fomenta y se vive como si fuese normal, la injusticia y no es que añore un socialismo ideal; no, no lucho por eso, lucho por el sistema comunal, ese sistema donde habrá más justicia social, económica y jurídica: utopía, quizás, pero sueño por mis padres, ellos son mi inspiración, por ellos es que escribo y escribo para poner de relieve su sacrificio, es de ellos que hablare aquí.
Mi madre, me dará su dinero, que habrá, seguramente, ahorrado de a poco; me lo dará para que pueda tramitar mi carrera paralela en la universidad “pública”, que hace mucho dejo de ser eso, yo diría que es la universidad privada más “barata”, ¿la más barata? Lo sé, seguro ha de darme el dinero con el cual ella planeaba comprarse una pollera, un sombrero, una manta o unos zapatos, y me lo dará a mí, a su hijo, al hijo que en ocasiones la hace rabiar, la hace preocuparse o quizás llorar; su hijo que sólo sabe leer y escribir, que es un bueno para nada, su hijo que no aspira a otra cosa que escribir un libro, “¡gran cosa en un país como este!”; a ella no le importa, como a toda madre, sé que por mi todo lo daría, lo ha demostrado toda su vida, me lo demuestra cada día. Y él, mi padre, no queda atrás, no dice mucho, él siempre fue muy silencioso, no es de los padres que habla; yo sé que su sacrificio… no, su amor, eso es lo que es: amor, no puede ser otra cosa; su amor es tal que no le vi comprarse cosas para él, siempre dando a los hijos para que estudien, para que hagan lo que él no pudo hacer, no le vi hace tiempo comprarse una nueva chamarra o un pantalón, no se queja y no lo hará, nunca lo dirán, nunca verán a mi padre a mi madre echarme en cara los sacrificios que hicieron, las penurias que vivieron, para ellos una sonrisa del hijo vasta, una taza de té, un desayuno al amanecer, no piden nada a cambio; ellos son felices con sus hijos felices. Algún día voy a llorar su ausencia, llorare por los recuerdos; esos tiempos idos, de sábado tomando helados de veinte centavos, allá por los inicios de los noventa, mi padre ya no trae hace tiempo las toronjas que comíamos hasta el hartazgo, ya no llega de su trabajo a las cuatro de la tarde, veré en la lejanía a mamá tendiendo el sawu, pasteando las ovejas, acribillaran mi mente la imagen de ellos… siempre dándonos a sus hijos y no pidiéndonos más que un beso, un abrazo; a su humildad y sacrificio. Me decían: “estudia para que no seas como nosotros”, como voy a desear eso, yo deseo ser como ustedes: humilde, tolerante… no hay adjetivo, no hay palabra que exprese lo que son…
Espero tenerlos hasta cuando tenga el dinero suficiente para consentirlos y “devolverles” lo que me dieron, quiero poder comprarles ropa, alimentos, salud; los quiero tanto, ¡como no he de quererlos! Si me enseñaron tanto “sólo” con sus estudios hasta quinto básico y en el campo, como no he de quererlos si son tan buenos con todos sus hijos. Sé que estas vidas las veo yo, pues me tocan de cerca, sé que hay otras, muchas, más épicas y novelescas, tornándose hasta dramáticas, a ellas también mis respetos; cada día tumultos, multitudes de padres y madres peregrinan por las calles y las plazas, por oficinas y comercios; hay cada día lucha, lucha por la vida, por sueños, por un mañana mejor para los hijos; madres y padres que quieren procurara a sus hijos lo que a ellos no les fue procurado, es por sus hijos que viven; cada día, cada día, es admirable, ¡cuanto amor!.
Mamá, mamá, cuanto la admiro; papá, papá, cuanto lo admiro, cuanto os respeto, cuanto os los tengo presente; cuanta energía, cuanta fuerza, cuanta sabiduría aprendida de la experiencia, sólo el amor por sus hijos pueden infundirles las fuerzas titánicas que ustedes rebosan. Si puedo, he de obsequiarles un libro, con mi nombre en la tapa, no por narcisismo, es que sólo para eso sirvo, será para mostrarles lo que aprendí a hacer, para que vean que no fue vano hacer que sus hijos estudien, será mi manera de mostrarles que sus sacrificios y privaciones no fueron vanas, que todo lo que hicieron fue para un fin, humanamente, loable. Sé que ustedes esperan otra cosa de mi, no os puedo dar eso, debo seguir mi camino y aunque os duele, ustedes aceptan mi decisión, si me equivoque de camino algún día lo sabré. Cuanto os amo.

(Sé que hay hijos que olvidan a sus padres, y padres que olvidan a los hijos. Esto es para Cecilia y Sandalio. Para vizcacha. Extensivo para madres y padres; padres vean que albergamos sentimientos y emociones a veces no mostramos agradecimiento, pero lo sentimos dentro, con fuerza. Hijos, nuestros padres viven por nosotros; un abrazo, un te quiero basta. No sigan lo que digo, cada vida es diferente, es algo de la mía.)

mayo 19, 2006

Reflexiones de un loco

A veces las malas intenciones pueden engendrar pensamientos de diverso talante; digo esto por el comentario oneroso de un tal “gonsalez”, que muchos de ustedes habrán tenido el desagrado de leer. En primer término me referiré a ese personaje que irrumpe en escena cual villano sacado de triviales cuentos de “terror”; no tienen que leer esta primera parte si no lo desean, quizás no deba correr tinta por un humununculo y sus “ideas”, si a lo que dice puede llamarse ideas. El escrito de un sujeto refleja el pensamiento de ese sujeto, así, podemos decir que un escrito en cierto modo es el espejo de mundo interno, eso que en psicología se llama: personalidad, mente o lo que otros llaman esencia; entonces, podemos tener una clara idea de lo que este personaje tienen en la mente, lo delata… se delata a si mismo sin quererlo quizás, por ese su comentario.
Debo protestar, sin embargo, por los insultos que profiere a mis estimadas amigas-lectoras; a mi que me insulte si quiere, pero que no se meta con quienes vienen a visitar mi pagina, en todo caso, si quiere verter sus "opiniones" sobre estas damas, que lo haga en las paginas de ellas, así sólo confirmaremos que ese espejo de que os hablo es preciso y contundente. Y no borré su comentario como amablemente se me sugirió, pues eso sería en cierto modo censurar a quien no merece más que el olvido, no lo halagaría con mi censura.
Claro que estoy molesto, pero no voy a dar más importancia a ese asunto, os ruego me disculpen si es que no compartís mis pensamientos, someras reflexiones de un loco.

Ahora voy a abordar otro tema. No sé si pedir disculpas por el escrito aquel que causo al parecer revuelo (el anterior que escribí), les digo esto porque no se si pueda pedir disculpas por escribir algo que siento, algo que percibo, es decir, no sé si pueda disculparme por escribir; pienso que sería como querer que J. P. Sartre nos pida disculpas por escribir la nausea...; pienso que uno no puede disculparse por lo que escribe, en todo caso, si se sintieron burlados u ofendidas no puedo hacer otra cosa que encogerme de hombros, no porque sea un “narciso” desconsiderado, créanme que no albergo semejantes “emociones”, tan elevadas para un loco, para un animal, lo escrito escrito esta, no me voy a retractar de lo dicho. Además deberían considerar que de un loko-kuerdo, no se puede esperar sino locura; pues, creo que todos y cada uno de los que poseemos un blog, más allá de la temática, más allá del fin que persigan; elegimos un nombre para el mismo, de modo que exprese algo, que muestre en cierto grado, el interés del “dueño”, de lo que quiere comunicar y transmitir a los posibles y ocasionales lectores, y quizás deba también comenzar a preguntarse y debatirse en torno a esta pregunta: ¿un blog es un fin o un medio? O estas otra, no menos importante: ¿por qué se escribe un blog? Considero que esto podría llevar a un giro en cuanto a la concepción del blog o bitácora personal, es realmente una bitácora personal (¿?) o es que es algo más (¿?); tal parece ser que es una combinación de ambos, tal parece ser que no podemos restringir un blog a un concepto, pero no por ello vayamos a creer que un blog no puede tener un concepto… bien, como pueden observar, cada blog creado y por crearse responde a diferentes causas e intereses, los hay de aquellos que hablan de la vida personal, los hay que aquellos que fungen de medio de difusión de pensamientos y obras y los habrían quizás aquellos otros que abordarán temas que no imaginamos aún…
Si le puse ese nombre a “mi” blog, es porque algo quiero expresar, porque algo quiero mostrar, algo que no me atrevo a hacerlo de otro modo, el blog, en ese sentido, no es para mi, sólo un fin, no sólo esta ahí para oír mis quejas y lamentos, o alegrías y risas, no esta ahí para solamente hacerme “propaganda”, está antes que nada como un medio, un medio que me permite expresar la que pienso, que me permite mostrar lo que hago y lo que soy capaz de hacer, para compartir con algunas personas algo que va construyéndose; para mi el blog es como la revista o el periódico, a la vez que es un medio que no me condiciona con la amenaza de censura, ahí esta el blog del chico larva, en ese blog tuvimos la suerte, el placer de disfrutar de su trabajo (me parece que decir trabajo es insultar al placer de hacer arte), de aquel que era censurado en el medio de prensa en que trabajaba, pero que el blog no le ponía trabas… como podrán ver argumentos pueden haber muchos y a pesar de ello, con o sin lectores el blog estará ahí. Con todo lo dicho, quiero expresar mi pensamiento, mis reflexiones, agradecimiento también; quiero expresar lo que pienso en torno al blog y quienes día a día, semana a semana vamos visitándonos, vamos leyéndonos, vamos comentándonos, en una palabra: quienes vamos conociéndonos; a las que visitan “mi” blog les debo agradecer (aunque tampoco estoy seguro que se pueda agradecer, al parecer esta postura es también una postura engañosa, hasta puede tornarse ofensiva, mejor callo…) bueno, espero se entiendan mis ideas, no son más que las peroraciones de un loco.
Algo que al final debo agregar, quizás a nadie se le haya ocurrido, pero ya me lo sugirieron por correo electrónico: no surgió ese escrito, por un afán propagandístico, no fue una “movida” dirigida a generar interés, surgió como todo que hice hasta ahora, para expresar algo, para invitar a divergir, a sentir conmigo y a partir de mi, surgió en un momento dado, quizás sin causa, quizás sin afán concreto, están ahí y ahí quedan, como fueron concebidos, como fueron escritos, quedan como fieles testigos y expresan sólo aquello que dicen, si alguna interpretación se puede tener, esa es otra cuestión, que no osare tocar aquí.
No crean lo que dice un loco, menos si ese loco es escritor… y si…

abril 17, 2006

Escribo esto a dos días que él se fue. Finalmente lo hizo, nunca le creí capaz de suicidarse, muchas veces le oí hablar sobre la muerte, sobre el suicidio, sobre su muerte, solía decir él no apegarse a la vida, que ese era un sentimiento en extremo narciso y que él no lo albergaría… yo, solía sentir curiosidad por ese desapego a la vida de su parte, aunque no daba muchas explicaciones a mis interrogantes. Sucedió el jueves trece de abril de este año, este dos mil seis será recordado, por mi, toda la vida; fue al día siguiente, el viernes que recibí una carta de él, en la que me pedía que publique sus escritos y todo aquello que se me ocurriese publicar acerca de él, en su blog, en la carta me daba su nombre de usuario y la contraseña, asimismo me prescribía algunas instrucciones; ante todo no quería que su nombre se revelase, el odiaba su nombre, no por tenerlo ni porque el nombre en sí, sino porque creía que un nombre no era otra cosa que una marca de identificación… bueno, ustedes como yo, saben, más o menos, por sus escritos lo que él pensaba sobre ello… me pedía utilizar algún pseudónimo para hacerlo conocer.
Solía leer lo que el escribía, muchas cosas de ellas, tuve el honor de conocerlas antes de que se publicasen en su blog, también solía leerlo aquí, aunque nunca tuve el valor de esgrimir mi opinión respecto de lo que escribía, no creo que pueda uno tener un juicio al respecto y si algo puedo decir, será sólo una opinión…, si algo hice fue: hacerle conocer lo que me había hecho sentir un escrito suyo o una fotografía… tuve la dicha de conocerlo un poco más y quizás un poco mejor que todos ustedes, lo que sus escritos me hacían sentir era de lo más diverso, si alguna vez le dije algo, el no atinaba sino a cambiar de tema tan hábilmente que yo, en general, creía que no habíamos hablado de mis opiniones sobre sus escritos en ningún momento, o sucedía, en algunas ocasiones, que decía simplemente: gracias, hacía una mueca y se quedaba silencioso… sus silencios que me causaban curiosidad y lo envolvían a él en un aire de misterio, en esos momentos no se me ocurría sino callar y comerme mis preguntas; luego algunos momentos solía hablar de algo que había leído, algo que vió o algo que sintió.
Sepan, también, que me hablaba de los que lo comentaban, de algunos de ustedes no conocía sus nombres verdaderos, pero eso no le importaba mucho, me hablaba de sol, solía decirme que sus palabras lo seducían… me hablaba de Karen, a la quería conocer más y un poco mejor, de Felipe, otro amigo suyo con el que se habían embriagado un par de veces bebiendo vino, que era uno de sus placeres… de perplejo, que según me dijo había dejado de escribir, algo lamentable según dijo, me hablo de Mariana, de la que admiraba su prosa, de aemaeth, que para él era un deleite leerlo, lo leí también yo y pude ver la causa de tan buena opinión que ese personaje le merecía, solía reír con los dibujos del Chico Larva…ruego que disculpen mi memoria, me hablaba de muchas otras personas que yo olvide en este momento, no lo hago por descortesía… quiero decir, que él no ponía en una jerarquía y esa enumeración sólo responde a mi memoria y no a la suya, les ruego me achaquen este desliz, no a él, en fin me hablaba del todos aquellos que le dejaban algún comentario, de quienes no sabía si tomar con seriedad, no sabía si lo que escribía “gustaba” realmente o si aquellas y aquellos que lo leían, le decían todas esas cosas agradables para hacerle sentir bien, para alabar un poco su ego, como ya dije, el nunca fue bueno para asimilar halagos, me dijo una vez, que no sabía asimilar halagos, porque de niño siempre había sido objeto de burla y olvido, nunca le habían dicho una palabra de aliento, ni nada parecido y según, todo era aprendido por socialización y la educación, permitía a una persona saber reaccionar ante el halago o no saberlo… también me hablaba de las personas a las que solía leer y/o visitar, no solía juzgar lo que leía, pero a veces me decía, le escribí, esto o aquello a tal persona, espero no lo tome a mal… luego agregaba: es que me hizo sentir estas o aquellas “cosas”… se emocionaba mucho con lo que leía, en fin su imaginación lo llevaba hasta el mismísimo campo de batalla, le hacía vera la mismísima señorita Barkley de un adiós a las armas, le hacía ver esos ojos sin expresión de Anny en la estación de tren, visto por Antoine Roquentin, veía a ese payaso de Heirich Böll, se hubo enamorado de Dolores Haze, a la que en silencio deseaba conocer… sobre la lectura solía decirme que como el alcohol, el tabaco y el sexo, a la larga terminaba siendo adictivo… es muy triste para mi saber que no lo volveré a ver… hoy fue su entierro y no me atreví a acompañarlo: a él, a su familia… pues, él no quiso que lo enterrarán, él quería que lo incinerasen, el me decía: “cuando muera deben quemarme en una pira”, para esta labor había comprometido a su hermano menor Eddy, y a su pareja sentimental Wara, y a un amigo suyo, que no me dijo quien era; en ese orden los había comprometido, si ninguno de ellos lo hacía, lo debería hacer yo, yo se lo había prometido y no pude cumplirle, no porque no quisiera, no pude, pues creí que moriría más adelante, a sus cuarenta o cincuenta años, quizás más… no pude cumplirle… por mi lo iba a cumplir, pero sus padres se responsabilizaron, como también él en cierto modo aún “dependía” de sus padres, ellos sintieron su responsabilidad darle sepultura; aún no vi a nadie de su familia, no tengo el valor de hacerlo… me conocían poco… yo quise cumplirle, quise cumplir mi palabra… aún no lo puedo creer, quisiera que fuese un sueño, quisiera que él me encontrase en aquella calle, en aquellas gradas donde solíamos sentarnos a observar, de vez en cuando, algún crepúsculo… donde solíamos conversar horas y horas, quisiera que él…
No lo había visto hace una semana y eso no me extrañaba, solía encerrarse en su habitación y no salía de ahí sino para ir al baño o comer alguna que otra cosa… la última vez que lo vi, me contó que asistía a sus clases en la carrera de filosofía de la UMSA, se mostró algo entusiasmado, aunque, como era de esperarse, me hablo ácidamente acerca de algunos de sus docentes, los que según él deberíamos hacerlos comer con los perros, ya que hacían daño a generaciones integras; yo creí que sólo era uno de esos momentos más, que estaría encerrado en su cuarto, al que odiaba y amaba, creí que era uno de esos momentos más, y que después de un tiempo lo vería y me hablaría acerca de la vida, acerca de sus estudios, acerca de mujeres, de sus deseos, de sus fantasías, de sus temores… nunca le creí capaz… disculpen, no me siento bien hablando de él, pero siento que debo hacerlo, sino porque me habría dado los datos para ingresar a su blog, es lo que me pregunto; sé que lo hizo porque… que importa en este momento… sentí la necesidad de hablar de él, de darlo a conocer, de hablarles del hombre que yo llegue a conocer y del que no me arrepiento haber conocido, lo que me da rabia es que haya hecho lo que hizo, que haya cedido a sus temores… no lo creí capaz, siempre me pareció muy cobarde como para el suicidio, me lo imagine, siempre, a diez, veinte, treinta años de ahora, de este tiempo, me lo imagine como un viejecito solitario que escribe en cafés y que anda cuestionando todo lo que se pone delante de sus ojos, que dice lo que piensa, que dice… ahora no lo tengo y siento un vacío que no se explicar, que no quiero que este más, siento… ya no voy a tenerlo, hablándome de su “manifiesto inconformista”, un escrito que según el representaba las bases de lo que quería lograr en arte y ciencia, y que según él, debería expresar sus metas en la vida, las bases de su pensamiento; un pensamiento que lo cuestiona todo, porque según, él, estar de acuerdo con algo es conformista, que no ir un poco más allá cada vez es ser conformista, que preguntar es sinónimo de búsqueda y la búsqueda se la emprende porque no se esta conforme… ya no me hablara sobre la bolivianidad, que según él había que estudiarla ontológicamente, que según él era posible, que era posible hablar de un ser-boliviano, ya no esta aquel joven que quería hablar de su país, porque era de ahí donde debía comenzar y no desde fuera, quería seguir la senda abierta por Tamayo, por Reynaga… ahora ya no puede caminar, ya no puede pensar… ahora sucederá lo que decía él que sucede con los escritos; ahora ellos vivirían… él solía decirme, que los escritos de un hombre vivo estaban muertos y que cobraban vida cuando este moría y que era en ese momento que se tornaban fijos, que era cuando se asentaban como puntos concretos de discusión, pues consideraba que de vivo, el autor de esas ideas podía aún rebatirlas y hasta reformularlas… él esta muerto y sus escritos viven y me gustaría que no fuese así, me gustaría que él estuviese vivo… disculpen, hablo de él como si se tratase de un escritor consagrado, termino que no le gustaba mucho, para mi siempre fue… él sabía lo que pensaba… disculpen, se trata solamente de un escritor que fue conocido por ustedes, pocos lectores y amigos suyos, él era tímido en vida y no se atrevía a mostrar lo que hacía, comenzaba a hacerlo por este medio, que él tomaba con entusiasmo y seriedad… agradezco hayan oído mis peroraciones… es mi forma de presentarle mis respetos, es mi forma de hacer conocer lo que él era, se que me traicionan las emociones, se que me traiciona la memoria en este momento… me gustaría ser más concreto, más preciso y un poco más claro, me gustaría escribir como él… en todo caso, aquí podrán seguir leyendo sus escritos y podrán ver sus fotografías, que pensaba él presentar en una exposición, me dijo que para conseguir algo de dinero, pues la pobreza lo estaba cercando, lo aprisionaba cada vez más… bueno, ahora estoy aquí, escribiendo por él y para él… a esta hora de la tarde, a esta hora aciaga en mi vida… le digo adiós a quien ustedes conocían como T-bone…

marzo 30, 2006

Quisiera escribir sobre algo loco, como lo que le sucedía a Harry Haller. Quisiera escribir “sólo para locos” y tratar de persuadir a los ocasionales lectores a no leer esto; con aquella advertencia él no logró disuadirme, me atrapó, quizá esa haya sido su intención; aún no le puse título a este escrito: no importa, los títulos no importan, las historias son las que cuentan, ellas importan.
Quisiera comenzar diciendo: «había una vez…» como en general comienzan los cuentos para niños, esa ha de ser la manera como se narra en occidente, donde había princesas y príncipes de los cuales trataban las historias; cortes, magistrados, sacerdotes, obispos, condes, duques…, toda esa vida que no es nuestra, que nunca lo fue; ¡Oh no! No apuesto por una división maniquea del mundo, entre occidente y no occidente; debo recordar además que este es un cuento, una historia, no así un tratado de sociología. Por estos lares; lo digo por achacoso, los cuentos inician así: «Mi abuelito dice que…» también me gustaría iniciar mi narración de esa manera, pero dejaría de ser yo, no me gusta ni el uno ni el otro, las encuentro algo falsas, se nota que fueron inventadas; mi narración es real sucedió hace no mucho tiempo ha.
Recuerdo que no podía poner el título a este escrito; qué les parece: «Yo, el parlanchín», o este otro: «A diario conmigo…» me canso, no puedo ponerle ni siquiera un título a un (mini)cuento y quiero escribir una gran historia.
memorias de un loco
Saben, me gustó iniciar hablando de locura y que mejor ocasión, ésta, para hablar de ella, no lo creen; en realidad no hablare de la locura, os contare una historia mía.
Estoy, creo yo, sentado en la biblioteca de mi universidad; hay gente alrededor que lee y escribe, eso se hace en una biblioteca ¿No? No está llena, a veces suele estarlo: hoy no, esta mañana sucedió algo inexplicable para mi, desperté junto a Bet, una mujer que no había visto en mucho tiempo, anoche nos encontramos por casualidad en una calle paceña, me invitó a beber una copa de vino; acepté gustoso. Saben ustedes, hablamos de todo, recordamos años pasados, experiencias vividas, reímos; estaba feliz, como no lo había estado en mucho tiempo. Nos retiramos de aquel Café a las once y veinte de la noche; subimos caminando por aquel “paseo”. No había mucha gente, algunos jóvenes bebían y con alegría se mofaban unos de otros.
La invité a mi habitación, en la calle Linares número setecientos trece, no soy creyente de nada, por lo que el trece no significa, para mi, otra cosa que una cantidad, un número como cualquier otro; lo hago saber porque algunas amigas me hicieron notar aquello.
Gustosa aceptó. No creí que lo haría, lo había dicho por decirlo sólo, pues, ella antaño solía evitar salir conmigo y me plantó muchas veces, entonces pensé: «vaya que cambió… ¡Mucho!» Aunque luego reflexioné: «ha de hacerlo por cortesía, seguro que luego de unos minutos se va, me dará alguna excusa y yo la dejare ir aunque no le crea realmente» mientras esto pensaba, ella comenzó a hablar, contó de sus viajes y aventuras, había viajado por algunos países de Europa, había conocido Paris, donde conoció a un músico de jazz llamado Jean Paul, un gran jazzista en su decir. Sus juicios e ideas me sorprendieron, no me parecía la chica que conocí tiempo atrás, me sorprendí por haber mantenido ese juicio de ella, la intentaba encajar en aquel pasado, erré.
Entramos a mi cuarto, mi cubil. La ví cerrar lo ojos al entrar y ver por primera vez mi habitación, también me sorprendí por haberla dejado llegar tan lejos; su rostro irradio dicha, luego dijo.
– Extrañaba algo como esto, no es como los otros pero es tan…
– Parecido?
– No…!
– Similar?
– No, no, no… no puedes comparar. Agrego con voz suave, pero categórica, luego continuó. Cada uno tiene su… esencia, lo suyo, lo que hace que sea único.
– Vaya que cambiaste?
– No me digas que tu no? Me miro inquisitiva y segura, como nunca lo había hecho, no la reconocí.
– Oh si! Todos los hacemos, no te parece?
– No esperabas esto de mi verdad?
– No, no lo esperaba; cuando te ví hoy por la calle, vi a la chica que hace años conocí. Veo que no eres la misma y me sorprendes, no sé como obrar, me siento… como en medio de la selva a plena noche, sin mapas ni brújulas, sin saber a donde ir, pero sabiendo que debo ir a algún lugar.
– Tranquilo! Dijo con su suave voz de Miss Lady Day. Yo te ayudare. Agregó y no se bien a que se refería con eso.
– Ayudarme en qué?
– Ven aquí. Extendió sus brazos, como una madre a su crío; me extendía sus brazos ahora, y yo lo había deseado hace tiempo, esto era irreal para mi, no lo creía y no lo quería creer; obedecí.
– Sigo siendo aquella, mírame. Ordeno enérgica y tierna. Desarmado sólo podía obedecer, no quería echar a perder aquellos momentos; si era un sueño: lo soñaría, si era real: lo viviría. La había soñado tiempo ha, tantas veces, haciendo lo que ahora, la había soñado de esta y de otras maneras.
Luego de conversar, le ofrecí más vino, abrí lo mejor que tenía. Bebimos una, dos, tres, botellas; reíamos y recordábamos; a esas alturas mi cuarto ardía con nuestros cuerpos entrelazados. Quizá no fue así, no lo recuerdo; quizá me dormí y ella se durmió junto a mi.
Ahora, cuando vuelva, no espero encontrarla, la dejé en la calle, la ví; era una chica que vestía un pantalón “jeans” azul, algo desteñido, una polerita rosada con mangas blancas, algo ajustada a su talle; al parecer esperaba el autobús; la vi y me figuro que no lo notó, no notó que la miraba, no notaría mi presencia. Para mi, por sobre el bullicio, por sobre toda esa gente, ella era única, estaba ahí, no sonreía, esos labios no sonreían, esos ojos miraban sin reconocer a ninguno a los transeúntes; no a mí, yo no era algo para ella, era una nada, era un vacío. Ha pasado el tiempo, estoy frente a hormiguitas encolumnadas que llamamos frases. Debí hablarle, debí intentarlo: ¡No! No debo.
Otro día se fue ya, otra noche que llega, no es otra. La gente sale de las oficinas, invaden ésta calle, nadie saluda a nadie, quisiera ver como A. Roquentin: sombrerazos; todos obran como desconocidos, deben serlo seguramente. Los automóviles zumban por la calle y en la acera: la gente. No los quiero ver y los veo: pronto llegare a casa, pronto estaré a salvo. Hace tanto que no veo a nadie conocido. Vida se fue, nunca supe a donde, no la llegue a conocer; Xina también se fue, no hay quien me diga las cosas de frente y con franqueza asesina, la amaba por eso. No está ninguna de ellas. Voy a volver a salir. Este encierro no lo soporto, la calle me recibirá, esa multitud me incluirá, al menos estaré ahí.

Otra vez en este Café.
– ¿Qué se va a servir, señor?
– Una botella de vino tinto y una ramera en “jacuzzi”.
– ¿Perdón?
– No haga caso y tráigame el vino, por favor.
– En seguida se lo traigo.
No debí decir aquello, debo cuidarme de decir las cosas, no estoy en mi habitación y podría resultar nefasto.
– Aquí tiene Señor. Descorcha y sirve un poco en la copa de cristal, de la que antes de mí alguien más habrá bebido, como lo harán después de mi también; la bebo de un trago, luego sirve copa llena.
– Gracias. Se va.


– Buenas noches señora, puedo invitarla a… bueno asistiría conmigo a una función? Duda un poco antes de contestar, aunque lo hace con naturalidad.
– Espero a alguien.
– Desde hace una hora?
– Es observador usted.
– No siempre.
– Cuándo le conviene?
– Si quiere tomarlo de esa manera, por mi está bien.
– Me decía…?
– Hay una función de… no puedo decirle, le gustaría acompañarme?
– De qué se trata? Teatro? Cine?…
– Prefiero no decirle…
– Una sorpresa…?
– Si desea tomarlo así, no objetare.
– No me lo dirá?
– No.
– Vamos entonces.
No salió como pensé, pero aceptó, ahora qué debo hacer, no debí hablar, debí callar, debí dejarla en su mundo y su espera; qué debo hacer ahora. No, no, no, no funciona de esta manera, ellas no contestan de esa manera, nadie lo haría, ellas contestarían con desconfianza: si; esa mujer por ejemplo, la que esta allí, junto a la ventana; no parece que aceptaría, está sola, pero se nota que espera a alguien, vio su reloj en cinco oportunidades en diez minutos, espera a alguien eso es seguro. La que esta por allá, debajo del retrato de Marilyn, ella está ensimismada, tiene una hojas frente a sus ojos y seguro que no contestaría de esa manera. A qué función las llevaría, no conozco nada de teatro, no conozco nada de música, nada de nada. Inventar ¿Inventar? Claro, inventar, crear una función, tu… yo interpretaré un personaje y ella, quién sea: otro personaje, yo seré un caballero, tu una dama, interpretaremos una obra caballeresca; yo diré buenas noches y tu contestaras igual, yo diré muchas cosas y tu contestaras a cada uno de mis enunciados, y lo harás por no parecer grosera, me echaras en cuanto puedas, dirás que no tienes tiempo y yo… deberé marcharme.
Es otra noche perdida, no le hablé a la mujer de la ventana y no le hablé a la que estaba debajo de Marilyn; a la primera la llamé Vida, a la segunda Bet. “Vida” me miró un par de veces y sonrió un poco, quizá sólo una mueca. “Bet” no lo hizo explícitamente, la ví, en dos ocasiones observándome por el rabillo del ojo. “Vida” parecía más dispuesta a conocerme, aunque su explicites puede ser una forma de ahuyentar posibles conversaciones; ello me intimidó un poco. “Bet” puede haber estado más dispuesta, pero no lo hacía por no parecer obvia, por no parecer ligera. Maldita sea, como puedo saber si no les hablo.
La última copa, mis músculos están relajados y estoy ebrio.
Otra vez en la calle.
Ese café me vomitó, ahora mi habitación me engullirá; mañana, si llego a mañana, me vomitará el para que otra estructura me trague; a diario me ingurgitan y regurgitan, me regurgitan e ingurgitan. Esta noche quiero estar acompañado, quizá llame a cualquier servicio de acompañantes y juegue con alguna desconocida a amarnos; no hay nadie en casa. Vida partió del café y Bet también, sus sitios fueron ocupados por otras personas, y el mío. Mañana partiré a un largo viaje.
La muerte se me apareció en un viejo y la esperanza en una niña, la niña parecía Kate, no la veo hace tanto, extraño jugar con ella a la patineta, extraño sentir sus manitas pequeñas y calientes…; la muerte se parecía a mí, más canoso y arrugado: más viejo, era yo, yo mismo buscándome. Quizá muera mañana en el viaje que emprenderé. Esperanza, esperanza de volver seguramente: «quiero volver». No creo en los sueños, pero me sobresalta, me da temor y temblor lo que hoy paso, lo que soñé.


El viento sopla, hace frío. La gente surca las calles, están abrigados, llevan abrigos, bufandas, guantes y demás atavíos; el día está cubierto de nubes, hay algo de niebla que corre por entre los cuerpos, se me antojan fantasmales. Hasta aquí llegue bien. El tren partirá a las cuatro y media, es seguro que se retrasara; deje mi maleta y un baúl que me obsequio Cristinne: ¿Qué será de ella?. No llevo mucho, no quiero cargar con el pasado, quiero vivir lejos de mi habitación, quiero alejarme, estoy lejos y él sigue teniendo influencia, dominio en mí: «debo ir más lejos aún, para olvidarlo, borrarlo». Son las cuatro y veintidós, será mejor que aborde, no quiero retrasarme. El tren es algo viejo, su metálica y roja estructura esta cubierta de sarro; dentro me recibe una mujer, se muestra gentil, me conduce a mi sitio, tengo el asiento veintidós: «una coincidencia especial». Los asientos están tapizados con un paño rojo, delgadas líneas negras lo surcan cada pulgada, no son muy cómodos. La gente aborda ya poco a poco: mujeres, hombres, niños; cholas, qáras e indios, todos abordan sin distinciones. Recuerdo a mamá en el rostro de una chola, que lejana su presencia, no pensé hace tanto en ella; parto para huir también de esos recuerdos. Me siento menos ido, algo nostálgico, hasta que percibo una mano sobre mi hombro, no reconozco ese rostro, es el bibliotecario, me informa que deben cerrar; me veo lloroso y triste, todo lo he vivido… ya no está la chica de pelo castaño, a mi derecha, me miró un momento y sólo tengo ese recuerdo; debo hablar con alguien, con quien sea, debo decir lo que siento, debo vivir…
Os invito visitar: www.preambulorojo.blogspot.com y luego... que importa el luego...

marzo 16, 2006

...vacío... vacío

Esa mañana desperte y desde el alba supe que ese día sería diferente, no lo sabía bien, no podría saber porque tenía ese presentimiento, además es algo muy extraño, no creo en cosas como esas: destino, suerte; para mi todas esas cosas se reducen a un mero mito, un mito que hace que los humanos tengan una vida social estable, me pregunte por tanto tiempo que era la vida estable, que significaba ser un hombre social, pero nunca halle respuestas, cada vez halle más preguntas, cada vez terminaba con más preguntas de las había iniciado. Hoy pudo ser un día diferente; es más Desdémona, me había hecho desearla, me había llenado de esperanza, de pasión, es que ella dice: "yo le esperaba desnuda y temblorosa en mi lecho, con la mirada fija en el rectángulo sombrió de la ventana, hasta que en el alfeizar aparecían sus ojos de fuego..."* como me había hecho desearla, como deseé tras cada palabra que fueran mis ojos lo que la descrubiesen... deseé tanto y no tengo nada, no tengo más que un puñado de reacciones químicas a las que llamamos emociones, tengo mis putas emociones arremolinandose en mi garganta, quemando el gaznate, y en mis ojos; maldita la hora en que nací, y de nada me sirve maldecir, mejor me sería morir, es una salida fácil, la salida más sencilla y la he huido tanto tiempo, la he huido de noche y de día, no debo pensar en eso, no debo... nunca creí en los deberes.
Recibí una carta, no figura el nombre, no sé de quien se trata, no sé si me amó o no lo hizo, nunca sabré si fue real... o pura imaginación; la letra era de una mujer, escribe de corrido, me dicen sus letras, una letra menuda, casí infantil, a mi me parecía que danzaban sobre esa cuadrícula, danzaban alegremente, ajenas a este mundo, ajenas a lo que transmitían, ajenas a su mensaje, para ellas sólo danzaban; me acusó de ser egoista, que gran verdad, me dije yo, que gran dolor dije cuando supe que era verdad, para consolarme pensé: acaso no lo somos todos; si, me dije y me sentí mejor; en el fondo, una frase común, un lugar común, en ese fondo, en ese basurero, en ese abismo sé que me miento, sé que el mundo es tan perfecto, donde hay gente saludable, gente que no es agoista, que lo da todo por el projimo... mentirosa, eres una mentirosa, tu eres tan egoista como yo, pensé y no me lo creí, el mundo es tan saludable, con gentes dispuestas a dar la otra mejilla, que oyen a los demás que no se sienten solos; cuanto deseo yo esa vida para mi, cuanto deseo sentir el mundo así, cuanto deseo, percibir el mundo de ese modo, sin cuestionar nada, sin preguntar nada, creyendo que lo que me enseñaron mis padres, la escuela, la sociedad es verdad, que debo casarme y tener hijos, que debo estudiar y lograr un título, una profersión, que luego debo trabajar, en una oficina independiente, en una oficina del Estado, que debo ser un avesado explorador o un artista excentrico, pero no que debo ser yo, eso no es lo que se debe hacer, no se debe ser uno, no debo ser tan avesado como para ir un poco más allá, no vaya a ser que me consideren loco; uno puede ser artista y se le toleran sus arranques, se le considera excéntrico, pero no deb ser el mismo, debe encarnar ese personaje cuidadosamente elaborado (por el tiempo, historia y la cultura, la "civilización), pero ¡malditos honbres convencionales y fervientes seguidores del deber: soy un loco!!! He deseado señoras y señores, he deseado con todo el alma ser así, y aún lo deseo, creanmelo, soy un ferviente perseguidor de ese fin, quiero ser sólo un poco loco, quiero representar ese papel en la sociedad sin salirme de ella, sólo quiero escribir, o hacer arte, pero no ir un poco más allá, quisé eso señoras y señorea, si algo puedo decir a mi favor: lo quise, yo quise escribir y que me tributaran un poco de culto, quise ser reconocido, como escritor o como poeta, o como artista, quizás actor, cometí el error de ir un poco más allá, cometí el error de preguntar: ¿por qué sólo se puede llegar aquí?... no señores la pregunta no lo fue todo, yo fuí, en verdad, que fuí más allá y vi, ví que este mundo es una fantasía, que este mundo es una construción social e historica y vi que el individuo es la verdad, que la comunidad no existe, que existe el individuo, que las comunidades han sido una necesidad: para protegerse de peligros, para satisfacer necesidades, pero despues, es el individuo que hace a la sociedad; he visto que nos hacen creer que la sociedad es anterior al individuo; luego vienen todas esas otras mentiras, esas grandes mentiras, lo voy a decir, aunque me condenen a muerte, la muerte sería para mi, lo mejor: Dios, amor, fidelidad, seriedad, todas, señores, todas son mentiras que por comodidad no son cuestionadas, es más, sentenciamos: ay de aquel que las cuestiones! Cual leproso será desterrado... señoras y señores, yo fuía todavía un poco más allá, no sólo hice eso; oh indignidad! Fuí yo mismo, deje de actuar, deje de representar al artista, ese había sido mi error.
Quería... yo quería ese mundo, quería ir en ese bus que llamamos, la época contemporanea, quise subirme a las modas, quise escribir para un público, quise escribir para unos lectores, quise hacer lo que quise hacer por los otros, por esos otros que me prodigarían absurdos, como el respeto, la admiración; ya no quiero nada más, ya no quiero ese mundo, ya no quiero esa falacia y por culpa de ella es que sufro... pues, quiero ser yo.
Es un desvario, es sólo un desvario, otra vez creí y caí, otra vez quisé vivir y encontre la muerte... ya no importa señoras y señores, espero sus piedras, espero que sean certeros y me maten, no se preocupen por mi sufrimiento; si es del cuerpo, no es más que físico, pasa, ya me han dañado en el alma, es eterno, queda y duele, siempre duele como si fuera la primera vez; no hay perdón que pueda borrarlo, no hay... lancen sus piedras, pueden solazarse en mi muerte y con mi muerte, golpeen mi cuerpo, arrástrenlo, pero por lo que más quieran, por lo más sagrado en lo que crean, no duden, ni crean que tienen la razón, no crean que me conocen, por unas palabras vertidas, que es sólo una fracción. Si no han de ser sus piedras, que sea el cadalso, si no han de ser sus manos que sean las del verdugo, que se cubra el rostro, si quiere, que me mutile con una sonrisa, si prefiere... me duele el pecho, es un dolor intenso... oh! mis señoras, mis señores, me habría gustado ser como ustedes, me habría gustado no preguntar... me habría gustado actuar.
Sólo soy un pobre solitario, que quiso ser aceptado; primero por sus padres, luego por sus compañeritos de escuela, de colegio, de universidad... de nada sirve, de nada me ha servido ser un ser vivo de nombre: humano, prefiero mil veces mi animalidad, prefiero mil veces mi locura... mejor callo, ya nadie presta atención a los quejidos de un muerto, ya nadie presta atención a la vida de un... nada, nada queda, ya he muerto, pero he sido yo; muero porque no quiero actuar.
*Fernando Savater "Habla Desdémona" en Atar a la rata Nº 18

febrero 24, 2006

Poema sin Emoción

En la vida hay cosas como
el dolor y el amor,
en la vida hay cosas como
la luna y el sol,
en la vida hay cosa como
la vida y la muerte,
la juventud y la senectud,
en la vida hay cosas como
el frío y el calor,
en la vida hay cosas como
tu y como yo,
la tarde se ha puesto gris
en el corazón siento dolor,
nostalgia, amor, que se yo
la noche se ha tornado azul,
la lluvia quiere caer,
tu juventud se me fue,
hoy la tarde se ha puesto gris,
la gente pasa y pasa
rostros sin vida,
un mar de caras
que van caminando a la par,
canciones, rimas, poemas
novelas, rosas, amores
la vida nos da todas estas cosas.
Puedo escribir los versos
más largos esta noche,
por qué lo dijo Neruda,
puedo hacerlo yo también,
pero no con ese carisma,
no con esa dulzura.
En la vida hay cosas como
la guerra y la paz,
dolor, llanto, tristeza
en la vida hay cosas como
este poema, sin emoción
hecho sin el corazón,
podría dedicar este poema
a una mujer, a una paloma
yo que se...
pero no lo hago,
podría recordar el pasado
a un amor perdido,
a una ilusión marchita,
podría escribir a un amor,
a una ilusión, un cariño
algo tierno, que se yo
en la vida hay cosas como
el desamor, la desilusión
podría escribir a un amor,
pero tal vez me enamore: no!
para qué, no lo merecen
tal vez es dolor lo que siento,
no lo se...
tal vez simplemente debiera no escribir esto,
tal vez debiera escribir
algo tierno como... no se
el amor, es un regalo
el amor, es un pájaro en vuelo
el amor, un ocaso sin fin en el tiempo.
En la vida hay cosas como
el atardecer y el amanecer,
en la vida puedes vivir hoy
y mañana estar muerto,
puedo decir te quiero
también puedo decir te odio,
puedo querer, sin amar
también puedo odiar, sin pelear
puedo buscar amor y no encontrarlo,
puedo quererla como la quiero
y ella odiarme como hasta ahora lo ha hecho,
puedo morir en mi lecho
como también puedo
morir en un crucero,
en la vida hay cosas como esto,
pero también hay amores como el nuestro,
irreales y paradójicos,
puedo quererla como lo sigo haciendo
y puedo decirle que ya no la quiero,
puedo vivir esta rutina, día a día
hasta que tu vuelvas de tu fantasía,
puedo escribir mil versos
y vivir en este mundo incierto,
como también puedo dejarlo
y vivir en mis desconciertos,
puedo volar en mis sueños
por el mundo entero,
y sin darme cuenta
caer de mi lecho al suelo,
puedo escribir mil versos para ella,
aunque solo sea una estrella,
puedo seguir sufriendo
y tu puedes seguir riendo,
puedo llorarte, pero no quiero.
En la vida hay cosas como
la pasión, el amor y el sexo,
en la vida hay cosas como
las novelas, poesías y el cuento,
puedo mentir mil veces
en estos versos,
no es así, simplemente lo digo
porque lo siento,
puedo robar amor a alguna ingenua
que no sabe amar al cien por ciento,
puedo gritar al cielo
que aun te quiero,
aunque puede ser mentira,
puedo hacerlo solo
para robarte un beso
y después un te quiero,
puedo estar enamorado de ti
como también puedo decirlo
pensando en ella, como la quiero
puedo quererte con el alma
de los antiguos troveros,
aunque puedo decirlo
para tenerte en mis brazos
solo porque te quiero,
puedo volar al cielo
prendido a un sueño,
para bajar empapado de ensueño,
puedo verte desnuda en mis sueños,
como también no puede ser sueño,
puedo quedarme aquí escribiendo,
viendo rostros petrificados
por el dolor y el tiempo,
puedo escribir rimas sin sentido
y creer que es poema o verso,
puedo olvidarme de ti
como se olvida un sueño,
puedo clavarme un puñal en el pecho
y morir desangrado como un cerdo,
puedo olvidar tu nombre
y vivir sin pensarte un instante,
puedo quererte a ti
como la quise a ella y después,
sentirme más miserable,
puedo olvidarme de todas
y vivir un mundo de silencio,
como también puedo
quererlas a todas al mismo tiempo,
puedo gozar de la vida sin ella
como puedo ansiar vivir de ella,
puedo cantar, bailar y reír de alegría
y por dentro morir de tanta fantasía,
puedo imaginarla junto a mi
y ella estar en París.
En la vida hay cosas como
la lluvia y el viento,
en la vida hay cosas como
el blanco y el negro,
en la vida hay cosas como
el gato y el perro,
en la vida hay cosas como
el día y la noche,
en la vida hay cosas como
el amor y un te quiero,
puedo escribir mil versos
y mil te quieros,
puedo dejar mil besos
en cada cuerpo,
puedo dejar mi alma
en cada verso,
puedo dejar una lagrima
en un te quiero,
puedo volar al cielo en un parpadeo,
abrazado a ti
llegar hasta el fin del universo,
puedo correr por las nubes,
si es contigo, por todo el cielo
puedo seguir escribiendo versos
sin medida en el tiempo,
puedo cruzar las calles de esta ciudad
como un alma en pena que no sabe descansar,
puedo llorar en silencio
por un amor que ha partido,
no lo hago...
porque tu estas conmigo,
vuelve que te quiero, vuelve
puedo decir esto, aunque
ya es tarde, tu ya no vuelves
puedo seguir soñando con tu regreso,
aunque no lo creas aun te espero.
En la vida hay cosas como
el agua y el fuego,
en la vida hay cosas como
las sombras y el cielo,
en la vida hay cosas como
las rosas y el invierno,
en la vida hay cosas como
el amor y lo nuestro,
puedo seguir soñando
con un regreso, tal vez
puedo seguir mirando
tus ojos, tal vez
puedo seguir oyendo
tu risa, tal vez
puedo seguir besando
esta fantasía, tal vez
puedo seguir abrazando
esta ilusión, tal vez
puedo seguir soñando
contigo, tal vez
puedo seguir contando
alegrías y tristezas ves,
puedo seguirte amando,
puedo seguirte soñando,
puedo seguirte deseando,
y ya no puedo tenerte entre mis brazos,
puedo seguir ilusionado contigo
y tu...
y tu ya no estas conmigo,
puedo seguir ocultando
esta pasión en secreto,
puedo seguir mirando
a través del ventanal
hacia un mundo incierto,
puedo seguir queriendo
esta fantasía, esta ilusión,
puedo seguir matando mis días, mis horas
pensándote en silencio,
puedo seguir soñando
contigo en cada verso.
En la vida hay cosas como
el tabaco y el alcohol,
en la vida hay cosas como
la alegría y la tristeza,
en la vida hay cosas como
la fresa y el chocolate,
en la vida hay cosas como
lo duro y lo frágil,
en la vida hay cosas como
el amor y un beso,
puede ser que te ame,
puede ser que te quiera,
o simplemente que te extrañe,
puedo seguir viviendo esta agonía,
como puedo seguir
alimentando esta ilusión de verte cada día,
puedo llevarte en el corazón
como sangre, o puedo
llevarte en la sangre como herida,
puedo también olvidarte
y dejar de lado esta loca manía,
puedo llorarte sin consuelo,
como también puedo reír sin medida,
puedo seguir fingiendo no quererte
y en el fondo
morirme de ganas de tenerte,
puedo seguir callando
este amor que te tengo,
sin embargo lo hago por ti,
puedo seguir pensando
que no te quiero,
sin embargo se muy bien
lo que yo siento.
En la vida hay cosas como
el amor, el dolor y la tristeza,
la alegría y el calor,
en la vida hay cosas como
el amar, el querer y ser correspondido,
en la vida hay cosas como
una ilusión y un sueño,
en la vida hay cosas como
el amor y un tierno beso,
puedo seguir pensando
que no te quiero,
pero se muy bien que me miento,
puedo seguir alimentando
esta ilusión, este sueño,
para seguir viviendo
en este mundo incierto.

febrero 17, 2006

Hoy es un día normal. Hoy es un día normal, vuelvo a repetir para convencerme de que realmente lo creo; sé que en el fondo, muy en el fondo, no lo creo, para mi no es un día, puede ser una noche, murmuro; nadie me oye, quizás así sea mejor, que nadie oíga lo que pienso, que nadie oíga lo que siento, lo que amo, lo que odio... Es mejor llevar esta careta, es mejor adoptar este nombre y junto con él, este cuerpo; de todos modos, ya hasta lo hice parte de mi.
Hoy es un día normal. Ahora lo grito a voz en cuello y es justo cuando develo que la gente no es real, que la gente era mi figuración; es esquizofrenia, dice cautelosa una parte de mi mente, yo no creo que sea así, esos rostros café son tan naturales, esas caras arrugadas de las dos ancianas sentadas a la banca de allá, son tan naturales, no puede ser sólo producto de mi imaginación, ni ese viejo vagabundo, ni... ¡es real! Me repito y me repito como queriendo convencerme.
Hoy es un día normal, lo repito por tercera vez; esta vez no grite ni lo murmure, esta vez lo comente con la mujer que tengo al lado; una mujer madura de piel canela y ojos miel, me mira algo desconcertada, me hace sentir un engendro, exagero, sólo me hace sentir extraño; ahora comprendo como se sintió Roquentin en aquella playa y quizó lanzar ese guijarro y no pudo y los niños se le rieron... no, lo mío es diferente, esa mujer es mucho más cruel, me mira con ojos desencajados, sus ojos, esos ojos que miran, miran con temor, un temor nunca antes visto por mis ojos, esos ojos..., lentamente se apresta a partir, quiere que no note su temor, el leve sudor de su frente, de su cuello, la delata, esta nerviosa y yo ya lo estoy también, ella me mira como si un mostruo nos asechara, comienzo a creer que algo hay detras de mi, comienzo a creer e imaginar cosas; ella bruscamente se pone de pie, yo lo hago junto a ella, ella esta más atemorizada, yo lo estoy más, ella lo esta más, yo lo estoy más, parece que va correr, no quiero estar sólo, voy a correr tras ella, voy a correr a su lado y le pedire que... no puedo, ella ya no esta; volteo lentamente a ver lo que hay tras de mi, nada, nada queda, nada hubo, esta vacío y estoy solo. Algunos perros cruzan la calle y más abajo se ve alguna gente que camina; el día es caluroso y es perfecto para salir, ¿salir? ¿a dónde? ¿a dónde ir?