Estoy sentado frente a este aparato, los sabios le llaman computadora, dicen que es un grana avance científico y no sé que otras cosas más, para mi sólo es un aparato más, casi como una hacha de piedra fabricada por nuestros buenos antepasados, aquellos primeros humanos entre simios y humanos; bueno esto último también lo dicen los buenos sabihondos… me estoy perdiendo, como siempre.
Hace mucho frío en la calle y me gustaría salir de esta casa de locos, no sé quienes son los locos, pero sé que unos están locos y otros cuerdos; que les diré, mas bien, como iniciare… Es una habitación de siete u ocho metros por cuatro o cinco, yo estoy al lado izquierdo de la habitación y los otros están al lado derecho, que queda a mis espaldas, son dos mujeres y un hombre; una de las mujeres ha de tener entre treinta y cuarenta años, la otra no ha de pasar de los veinticinco y tiene un bebé de unos dos o tres años. La primera mujer tiene el pelo teñido y la otra no. Con ellas va un joven de nos más de veintisiete años. Mientras escribo esto ellos ríen y charlan alborotadamente, mientras escuchan vacua música que no fue producida con otro fin que generar dinero a su interprete y todos lo que hay detrás de él y quizás un poco de fama, de esa fama efímera que pasa como una estrella fugaz; por estos lados le llaman “regeton” para mi sólo es basura que entretiene a la gente, hace que su vida sea menos aburrida; escuchan una y otra vez la misma canción y parece que no se aburren, su espíritu ha de estar completamente dormido, casi anulado para que esa cosa que escuchan no los aburra. Yo por mi parte, mientras escribo esto, frente a esta pantalla que comienza lastimar mis ojos; oigo a Grieg, ahora cambio a Beethoven, ¡oh Ludwig van! Ldwig van, así le llamaba aquel ilustre tolchocador, que andaba con sus drugos, cuantas veces soñé que yo era ese tolchocador; pero no era así y no va a ser nuca de ese modo, yo siempre voy a ser sólo un simple humano que vive la vida como si no la viviera… me estoy desviando del tema, vuelvo. No piensen que hago las triviales diferenciaciones entre música buena y mala, creo que esa diferencia es demasiado convencional, no sé como explicarlo, pero cuando escucho a estos clásicos de la música europea, lo que escucho es la música penetrando en mi ser, hurgando y llegando al espíritu… lo siento ahí dentro, siento cada nota, cada sonido, lo que me sucede también con la guitarra en solo o con aquella música que nace del espíritu; cuanta diferencia hay entre esta música y aquella que parece que fue hecha en estado de drogadicción o ebriedad, aquella que fue hecha ebrio de dinero y fama, aquella que no llega al espíritu, sino a la carne, no, ni siquiera llega ahí, llega sólo a las superficies a lo vacuo… saben es gracioso como en esta habitación convive ambas cosas, una sonido por un lado, otro sonido por otro, unas vidas por un lado, mi vida por el otro… ahora ese niño se pone a llorar, he notado que todo lo consigue con llanto, y no es que no deba llorar, yo creo que… su llanto ya me tiene cansado, aburrido a ratos quiero correr y apretar y apretar cada vez más fuerte su pescuecito blando, ¿de todos modos, para que va a vivir en este mundo? Este mundo no esta para vivirse, los que aún procrean o son realmente malvados o son realmente ingenuos… su llanto es cada vez más insoportable; voy a correr, voy a saltar a su cuello y lo voy a retorcer como a un pollo, como a un perro, lo voy a aplastar como a una pulga… ya sé, ya sé, a la gente le gusta reducir las cosas a lo bueno y lo malo, a lo cuerdo y lo loco, lo normal y anormal, no le gusta pensar, le teme tanto a sus instintos que los condena no los enfrenta, prefiere huirlos, prefiere hacer de cuenta que el ser humano es racional, que el ser humano tiene sentimientos o cosas… falacias como esas que reconocer que no se trata más que de otro animal… el chillido murcielaguesco de ese humanito me esta haciendo desvariar. Bueno, les decía, que es más sencillo reducir las cosas a lo bueno a malo, y la gente procede así en todo, maniqueamente reduce el mundo y cuando una persona dice que Beethoven es mejor que las músicas de moda, sólo piensan que esa persona cree que uno es bueno y otro malo, no se dan cuenta que se trata de una opinión, una opinión como cualquiera que se vierte y no digo que uno pueda decir las cosas así nada más, pero yo prefiero decirlas que ocultarlas, que hacer de cuenta que no existen, además y esto es algo fundamental por cierto, lo pretendo imponer mi opinión a los demás, no tienen porque creerme, es sólo lo que yo pienso… en momentos como estos, en los que voy pensando cosas que a la gente le espanta o cosas que le podrían espantar, preferiría no haber despertado, preferiría seguir durmiendo, soñando; en mis sueños volaría a esos hoteles que frecuentara Humber Humbert o soñar con las aventuras del otro HH.
Definitivamente este no es un día para salir a pasear, es un día para estar encerrado en casa, cubierto de muchas cobijas y sin pensar en nada, sin decir nada y sin hacer nada. El cielo esta nublado, el cielo… estos días sopló mucho viento, ayer vi por la calle, gente muy abrigada, gente que decía que “mejor nieve, así ya no va hacer tanto frío”, no sé si tengan razón o no, pero en algo no se equivocan, hace frío, lo demás, creo que sólo es un mito. También hace frío aquí dentro.
El otro día me entro una idea, una idea absurda tal vez, no lo sé, pero fue a raíz del clima algo triste. Me dio la sensación de que nevaría de tal modo que no podríamos movernos por la ciudad, que la nieve alcanzaría una altura de dos o tres metros, que habría mucha gente que moriría congelada en la calle o en sus casas, habrían casa de las villas que se desplomarían y moriría gente allí también, que no podríamos movernos de un lugar a otro; que triste visión, pues no podría asistir a mis clases de latín, de griego, mis bien ponderadas clases; ya sé decir: ea palicarias (lastima que no lo pueda escribir en grafía griega) o virí pulchra femina amant. Ha de ser tonta mi reacción, no les parece, que se me ocurran pensamientos tan aciagos y yo este pensando que voy a perder unas clases: si no fuese por mi amor al conocimiento, al arte…
Patéticamente, sigo encerrado en esta habitación, en un ambiente absurdo, algo enredado, algo atravesado, algo… ya no comprendo esta situación. Debe ser una ofensa para Mozart que lo haga soñar junto a un huero como ese que canta a mis espaldas, yo creo que si Mozart estuviera aquí, me pegaría un golpe en los genitales, creo que lo merezco…