agosto 21, 2006

La Noche


― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― ¿Está la señorita Bett?
― No, no esta, ha salido a su universidad.
― Muy bien, muchas gracias, hasta luego.
― Hasta luego.
― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― ¿Está la señorita Ana?
― No, no esta, acaba de salir.
― Bueno, gracias, hasta luego.
― Hola.
― Hola.
― Buenas noches, ¿estará la señorita Karin?
― No.
― ¿No sabe a que hora estará?
― No sabría decirle.
― Bien, gracias.
― De que, hasta luego.
― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― Por favor con la señorita Vida.
― Ella murió.
― ¡¿Qué?! ¿Cómo qué…
― Tranquilícese, vaya al infierno y quizá la halle ahí, ella me habló de ti…
― Y ¿Cómo sabe quien soy? Cómo sabe que soy yo quien debe saber lo que me dijo.
― No lo sé, lo intuyo.
― ¿Lo intuye?
― Si, como lo oye, ella dijo que dirías eso exactamente: «hola, buenas noches, por favor con la señorita Vida»; al parecer se conocen muy bien, de otro modo, ella no habría sido tan precisa en sus referencias; ¿por qué no se da prisa? Puede que la halles y la devuelvas a la vida…
― Pero… ¿Cómo puede hablar de la muerte con tanta naturalidad? ¿No siente dolor?
― No, no lo siento, no puedo sentir nada, pues si sintiera algo no podría llevarme a niños, jóvenes, adultos o ancianos…
― ¿Con quién hablo?
― Debiste empezar por ahí, antes de escandalizarte; soy la Parca.
― ¿Cómo que… ¿La Parca dijiste?
― En persona… bueno, en persona no, pero tu tienes la desdicha de hablar con la Parca, aunque como me oigo no es como me veo, nos pintaron a mis hermanas y a mi, tan tétricas que los pobres humanos, al oír mencionar nuestro nombre, se aterrorizan tanto como si hubiesen visto al demonio en persona; debo decirte, sin embargo, que aquella visión es errada…
― ¿Cómo es posible que este hablando con la Parca…
― Es posible, mi apreciado amigo, en el mundo no existe imposibles… por qué te hablo de “el mundo”, debí decirte: en mi mundo; en el tuyo, ciertamente, existen limitaciones que los humanos, tus congéneres, se los han puesto por generaciones y cuando las traspusieron, se equivocaron, tantas veces, que sus errores son comparables a las estrellas del cielo…
― ¿Dónde esta Vida?
― Te dije, al principio, que esta en el averno, pero no me prestas atención o quizá estas atónito y no me crees, piensas, posiblemente, que es una broma, un mal chiste, te diré, primero llamaste a Bett, luego a Ana o debo decir Anita, luego a Kari, estas hermosas doncellas no estaban, salieron de casa, no sabemos donde fueron, pues, no nos interesa saber donde van. ¿Por qué las llamaste? ¿Necesitas desahogarte?
― Son mis asuntos. ¿Cómo voy al infierno?
― Puedes hablar conmigo…
― ¡Dije! ¿Cómo voy al infierno?!
― Bien, bien, veo que ahora te interesa, estas desesperado por morir…
― Esto no tiene sentido…
― Lo tiene, tus cortos sentidos no lo pueden percibir, tu estrecha mente no lo puede entender y por eso quieres invalidar todo lo que hasta ahora sabes; me decepcionas, has conversado conmigo cuando otro u otra ya variase desmayado en el mejor de los casos, ahora comienzas a parecerte a un mortal común…
― Pues, soy un mortal común y si te hable, es por Vida, por favor: ¿Cómo voy al infierno?
― No, no, no pidas un favor a la Parca, ella no dispensa favores, no esta en sus mandatos ni en es de su interés, sino cada día morirían muchos humanos, por simples tonterías; tu no sabes como imploran muerte, lo hacen pos simple impotencia humana… la Parca cumple un deber, nada más que eso, querido “amigo”.
― ¿Cómo voy al infierno?
― De muchas maneras, todos los caminos condicen a Roma, todos los caminos conducen al averno, toma el que te plazca…
― No estoy para un juego de acertijos: ¿Cuál es el más corto?
― “Amigo” mío, tanta desesperación, ¿por qué? Porque no tomas un camino desesperado, medita, medita sobre lo que quieres, que es lo esencial, vale la pena, no quiero persuadirte, soy yo la más interesada en que me solicites servicios, pero al parecer no es “tu hora”, paciencia, no puedo yo alterar tu camino, no puedo mostrarte sendas rápidas ni caminos directos al averno, si en verdad quieres hacerlo, serás tu quien lo decida; ¡Oh si! Y debo decírtelo, tienes razón, mucha razón cuando dices que una decisión no es un nunca más, sino sólo una postergación, ya pensaste en el averno y si no lo haces ahora lo harás en algún momento, quizá más adelante o finalmente con mucha paciencia esperaras tu hora, vivirás tu vida…
― ¿Cómo esta ella? ¿Era su hora?
― Si, y esta bien, aunque puedo entrever que ya no quieres morir; sin embargo te espera, te esperara, algo le diste, algo hiciste que te ansía, te recuerda, te piensa… has de ser afortunado; aquí donde vienen una buena parte de los humanos no hay no, no hay prohibiciones… ¿Por qué te hablo a ti de prohibiciones? Si no las conoces ¡Oh! Si cada vez tu mundo va pareciéndose más al mío, cada vez ambos mundos van haciéndose uno, sólo que mientras en un mundo unos aún reptan, en el otro ya no lo hacen; mientras tu aún sientes, los otros no lo hacen ya; mientras tu puedes aún cambiar tu destino y tu vida, los otros no lo pueden hacer ya… pero no me corresponde juzgar a mi, como te dije, yo sólo puedo cumplir un deber, en cambio tu, eres diferente… Vida, Vida, me gustaría devolvértela, pero eso también escapa a mi potestad, no tengo otro poder, otro mandato que la muerte, la muerte que da sentido a la vida… ¿Si no supieras que morirás, harías algo por el mundo, moverías un dedo por el bien o por el mal? Pero eso no viene al caso, no en este momento, te encuentras ensimismado…
― Bueno…
― ¡No! No debes responderme a mi, te dije que yo no puedo juzgar, entiende, de nada sirve que me sometas a disyuntivas a elecciones, no puedo elegir, ni discernir, yo tengo mi destino trazado y hecho, tu si puedes, puedes porque eres libre, puedes dirimir tus asuntos, incluso puedes dirimir los asuntos de los demás, hasta esa libertad se te dio… no sé bien, porque hablo contigo, más bien, eres tu quien me habla, me pones en una situación difícil, pues si te dejo de hablar, habré hecho un acto de decisión, ya hice muchas cosas indebidas, no una más, debo hablarte, de lo que sea, pero tengo que hacerlo, tienes que ser tu quien me deje de hablar, yo no puedo decidir.
― Dime: ¿Por qué no me llevas?
― No puedo, si no es tu hora no puedo y al parecer no lo es…
― ¿Cómo eres?
― ¿Qué?
― ¿Cómo eres? Quiero imaginarte.
― Cierra los ojos y oye… ¿Cómo me imaginas?
― Dijiste que no eres como te pintan, como te pintaron hasta ahora.
― ¿Tu cómo me imaginas?
― No lo sé, por eso te lo pregunto.
― Si te digo, todo encanto se perderá, no puedo revelarme ante ti, es preferible que me imagines, aunque me imagines como lo han hecho hasta ahora: tergiversada, pero viva, entiendes otra pero viva; es mejor así, podrán los poetas evocar, los artistas pintar… es raro, no te parece, yo muerte estoy viva, suena ilógico para tu mundo, no es acaso el humano quien todo quiere hacerlo lógico e inteligible, comprensible para todo mortal y en ese su afán creo su ciencia, su arte, sus leyes y doctrinas, sus miedos y sus actos heroicos, el humano crea, e incluso se crea a sí mismo, si no es así, al menos lo cree así.
― Hasta luego Parca.
― Hasta luego.
― Hola, buenas noches.
― Buenas noches.
― ¿Está la señorita…


Lucian de Silenttio
30 – VII – 05
(El autor de este cuento, a principios de septiembre presentara un libro que titula "a diario", en La Paz, Bolivia, ya les hablare más de él)