septiembre 20, 2005

voy a decir basta

Esta mañana estuve encerrado en mi cubil, decidí salir y pienso que cometí un error: no debi salir a ninguna parte, no debi salir de mi prisión, de mi habitación, de mi jaula, de mi capsula de sueños; pero estoy fuera.
voy por la calle, una mujer va con su niño de la mano, un perro curza la calle y otro duerme más hacia abjao al pie de la puerta, supongo su casa, una puerta roja número 53, la puerta esta ensarrada en la parte de abajo; continuo caminando, hay más gente, hombres mujeres que suben y bajan, todos parecen abosortos en sus ideas, sus preocupaciones, nadie sonríe, la seriedad es dueña de sus rostros; voy a gritar, voy a increpar a los transeumtes por su actitud ante la vida, no puedo, no puedo hacerlo, ¿Qué voy a decirles? Trataré acaso de infundirles esperanza, de infundirles animo, optimismo... se reiran de mí, un harapiento y solitario viejo, al que el tiempo y la insalubridad bucal, la pobreza despojo de sus sonrisa, hoy encias asoman mis yertos labios, mi decrepita cabellera canada ya, fiel testigo del tiempo y de mi inseguridad, de mi indesición y falta de perseverancia; yo, el viejo solitario y ebrio, el viejo callejero voy a ser quien infunda esperanza, cuando hace décadas el las perdió, el que siempre hizo poco y siempre espero mucho, el que soñó y soñó... soy un pobre viejo al que ni la parca quizo llevar: ¡Voy a decir basta! Basta de inseguridad, basta de soledad, basta de todo lo que hasta ahora hice: debo morir y volver a nacer, en la otra vida, si la hay, sere diferente, sere como no fui, no voy a decir instantes a lo Borges, mentira, él no escribió aquelllos versos, no importa, no voy a renegar de mi vida pasada, voy a esperar otra...
Continuo bajando por esa calle, un joven se acerca, y pasa de largo, una joven se acerca y también pasa de largo, otro perro y otros niños, otros hombres y otras mujeres, puestos de venta y minibuses que anuncian en coloridas letras su destino, ninguno dice: cielo o infierno...

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